CARLOS MORENO –

Dos fechas nefastas se incrustaron en la memoria y en los corazones de la familia Moreno Camacho. El 18 de mayo a las 3:30 de la tarde, día en que una camioneta arrolló a mi hermano Paúl Moreno, estudiante de medicina y brigadista Cruz Verde de la Universidad del Zulia, próximo a finalizar la carrera, y el 17 de noviembre a las 4:00 de la tarde, día en que la jueza Yesiré Rincón, decidió que todo se trató de un accidente y envió a su casa, con sendos beneficios, a su homicida, Omar Barrios.
Tras cuatro audiencias diferidas, en la quinta, un día antes de la celebración de nuestra Virgen de Chiquinquirá, la decisión se consumó. Un año y 7 meses de régimen de presentación, así de fácil. Con ello se quiso cerrar la historia judicial del caso que removió al Zulia en los conflictivos y dolorosos meses de la rebelión civil de mediados de 2017.
La decisión del tribunal se filtró días antes a la prensa; periodistas de la región, ya anunciaban que el homicida saldría a su casa y no se equivocaron. Una muestra más del manejo oscuro de la justicia con el poder económico y político como símbolos de la anomia.
Pero aquel hombre que decidió pisar el acelerador y desgraciadamente arrancó la vida de Paúl es, en cambio, merecedor de una aplastante condena civil. Su sentencia no ha sido, en absoluto, de la jueza liberadora, quien también deja calado su nombre. Su sentencia ha sido desde todos los rincones de Venezuela. El repudio a la cobardía y la administración de justicia se multiplica.
El rechazo a Barrios, su red de protectores y a su jueza, Yesiré Rincón, se hace aún más fuerte al conocerse detalles de la sentencia que escandalizan.

La jueza ha decidido que Paúl fue el culpable de su desaparición por la imprudencia de estar en plena avenida, y que Omar Barrios tenía el derecho de cruzar porque las leyes castigan el impedimento al libre tránsito. Es decir, para ella, también, las protestas en las que Paúl socorría y que se producían en todo el país, eran ilegales.
La decisión justifica entonces que Barrios también haya evadido a las autoridades por ocho días y que se entregara cuando ya no tenía escapatoria tras ser hallada la camioneta escondida y modificada en el garaje de su residencia. La presión colectiva, de la juventud, de la Universidad, de los médicos y de la familia no podía ser obviada en aquel momento.
Así pues, las líneas que el tribunal que nos tira en la cara, es que mi hermano, quien salió esperanzado a cuidar vidas durante la represión, que atendió a venezolanos afectados duramente mientras levantaban su voz por un mejor país, que llevaba en su bolso gasas, guantes, mascarillas, su estetoscopio y la bandera tricolor con la que sus compañeros limpiaron la sangre de su cuerpo, ha sido el único culpable de su muerte.
Pero Venezuela, el Zulia y Maracaibo sí han condenado a Barrios y su red de cómplices.
Es por ello que estas líneas se hacen necesarias, para reiterarle al país que los centenares de miles de mensajes, los abrazos de gentes de todas partes, rostros y voces que jamás habíamos visto o escuchado, las muestras de apoyo con periodismo responsable de los medios de comunicación libres locales y extranjeros, han sido escudo ante la injusticia y cualquier sentimiento de derrota. Nuestra familia está hoy más firme que nunca, pese a las lágrimas que siempre brotarán de nuestros ojos, y que encuentran espejo en infinidad de venezolanos que también ha llorado con nosotros.
La justicia de los tribunales para Paúl jamás habría llegado en medio de la descomposición institucional, así como tampoco la del resto de más de 157 venezolanos que perdieron la vida en la lucha legítima por una Venezuela de oportunidades.
La justicia para Paúl ha llegado como un hierro caliente de una sociedad que marca al homicida y a sus protectores.
Y entonces Paúl vive en muchos. Paúl vive con fuerza en las iniciativas sociales y humanitarias que ya han comenzado desde las asociaciones en su honor, «Paúl Venezuela» (Europa) y «Dr. Paúl Moreno Camacho» (Venezuela), a las que dedicaremos nuestra vida. Con esfuerzos inmensos que nos nutren hemos comenzado a cooperar para llevar salud a comunidades, atención médica primaria, reconocimiento con especialistas, pero también trabajamos por apoyar a los médicos en formación y también debatimos sobre la reinstitucionalización del país.
Es el canal que Dios nos ha concedido para estar en comunión con la luz de mi amado hermano y los sueños compartidos de millones de venezolanos.

Carlos Moreno, periodista venezolano. escribe desde Madrid, España.

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