JUAN CARLOS REY
Extracto del ensayo preparado por el politólogo Juan Carlos Rey para el libro “Estudios sobre la Asamblea Nacional Constituyente y su inconstitucional convocatoria en 2017”, de próxima aparición por Editorial Jurídica Venezolana. Es un texto de rabiosa actualidad. En otros posts serán publicados otros extractos, no menos interesante que este.

 

La convocatoria del presidente Nicolás Maduro a una Asamblea Constituyente, con el propósito de modificar el contenido y alcance de la Constitución de 1999, hasta ahora formalmente vigente, está dando lugar a una severa pugna entre quienes se oponen a tal reforma y los defensores de la misma.

Entre los primeros están los tradicionales opositores al chavismo, pero también algunos antiguos partidarios de Chávez, que creen que el presidente Maduro con sus políticas, y en particular con su intento de modificar la Constitución, está abandonando principios revolucionarios que el “comandante supremo y eterno” impulsó, por lo que consideran que el “madurismo” se ha convertido en una traición al chavismo.

Frente a ellos se encuentran los defensores de las políticas del presidente Maduro, que sostienen que lo que en realidad éste trata de hacer es desarrollar y profundizar varios de los principios propios de la democracia participativa y protagónica, que Chávez intentó plasmar con la reforma constitucional de 2007, pero que el resultado adverso del referéndum al que se la sometió le impidió perfeccionar. Señalan, además, que mientras quienes ahora se oponen a la reforma, alegando su supuesta inconstitucionalidad, fueron los mismos que desde el principio se negaron a reconocer la legitimidad de la Constitución1999, en la cual nunca han creído, en cambio los que apoyan la reforma, son quienes fueron y se han mantenido fieles a las ideas y al proyecto político de Chávez. Y mientras que los primeros aparentan defender la intangibilidad de la Constitución de 1999, en cuya legitimidad nunca han creído, los segundos aspiran a desarrollar y profundizar los principios propios de la nueva forma de gobierno —la democracia participativa y protagónica— que dicha Constitución proclama. Por otra parte, según sostiene Maduro y quienes le apoyan, la convocatoria a la Asamblea Constituyente es el recurso con el que el gobierno trata evitar la guerra civil, pues en lugar de la violencia y el terrorismo, que la oposición está interesada en mantener, proporcionará un espacio en el que ambas partes podrán intercambiar sus puntos de vista y hacer valer sus respectivas pretensiones para poder solucionar pacíficamente sus diferencias, mediante el diálogo y la negociación. En el presente ensayo utilizaré varias ideas y análisis tomados de mis publicaciones anteriores que me servirán para ilustrar las diversas formas de concebir el constitucionalismo, que espero puedan arrojar luz sobre las implicaciones y posibilidades de las reformas constitucionales que pretende hacer Maduro.

EL “CONSTITUCIONALISMO” COMO IDEOLOGÍA POLÍTICA

Mientras que hay países en los que las ideologías políticas han asumido formas de discurso religioso, filosófico o económico, en el caso de Venezuela esas ideologías frecuentemente se han desarrollado como discursos del tipo jurídico, centrados en la “Constitución”, considerada como el fundamento del gobierno. Pero el “constitucionalismo” —como podríamos llamar a esta modalidad ideológica— puede revestir diferentes formas. Como lo observaba Vallenilla Lanz, puede consistir en un utopismo ingenuo, para el cual las constituciones escritas son moldes para fabricar pueblos, y cree que basta con diseñar sobre el papel un orden ideal y deseable para que se convierta en realidad. Pero frecuentemente tales ideologías, lejos de caracterizarse por la ingenuidad, se utilizan para justificar o encubrir la situación real existente, pues por medio de una Constitución escrita inefectiva (“la Constitución de papel, como la llamaba Vallenilla Lanz) tratan de ocultar la sordidez y abyección del “orden” político real, proporcionando una ilusión de respetabilidad a alguna élite interna o ante otras naciones. La frase de José Tadeo Monagas “La Constitución sirve para todo” ilustra lo dicho, pues fue pronunciada por ese presidente quizás irónicamente para referirse a la supuesta “normalidad” constitucional, que en realidad no existía, con motivo del llamado “asalto al Congreso” del 24 de enero de 1848. La expresión y el concepto “Constitución de papel”, original de F. Lassalle, fueron popularizados en Venezuela por Laureano Vallenilla Lanz, contraponiéndolos, a veces, al de “Constitución orgánica”.

Recordemos los hechos. El Congreso, que contaba con una mayoría del partido conservador, amenazaba con enjuiciar a Monagas, que era apoyado por los liberales, por presuntas violaciones de la Constitución para destituirlo de su cargo y condenarlo por traición. Mientras esto ocurría, turbas liberales armadas, que contaban no sólo con la pasividad sino con la aquiescencia apenas velada del gobierno, rodearon amenazadoramente el Congreso para impedirlo. Los miembros de éste, viendo el peligro, decidieron disolver la reunión para que cada uno buscara la mejor manera de ponerse a salvo. Cuando trataron de abandonar el Congreso, varios fueron atacados por la muchedumbre y cuatro de ellos fueron muertos. Buena parte de los que se salvaron, temiendo por sus vidas, se ocultaron donde pudieron o buscaron refugio en diversas legaciones extranjeras. El presidente Monagas, que no había hecho nada para garantizar la seguridad de los legisladores, envió a algunos de sus partidarios para que los hallaran y les convencieran, mediante una mezcla de promesas y amenazas, de la necesidad de restablecer el quórum para el funcionamiento del Congreso, y así dar la impresión de que el hilo constitucional no se había interrumpido y de que todo continuaba trascurriendo con plena normalidad. Un joven político liberal, Lucio Pulido, que visitó al presidente Monagas en su casa la misma noche del día en que ocurrió esto, pudo oír la narración de los enviados por el jefe de Estado, que acudieron a comunicarle el éxito de sus gestiones. Según Pulido, el presidente Monagas pronunció su famosa y cínica frase: “La Constitución sirve para todo”. De acuerdo al propio Pulido, ese supuesto restablecimiento de la “normalidad” consistió en realidad, en una “reunión forzada” del Congreso que “había sido disuelto por la fuerza”.

Por otra parte, para poder comprender el cabal significado de la frase que Chávez se complacía en repetir —“Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada”—, tenemos que aclarar qué era lo que entendía con tal expresión, pues a primera vista parecería que está confirmando la doctrina sustentada por los más prestigiosos autores de la Teoría del Estado y el Derecho Constitucional, que han defendido la tesis de la soberanía de la Constitución: supremacía de unas normas impersonales, objetivas, que se imponen a los gobernantes por encima de sus eventuales preferencias personales. Pero como veremos, para Chávez la Constitución no consistía en un conjunto de normas impersonales relativamente fijas, sino que significaba la instauración de una “Revolución permanente”, tal como él la concibe y la va diseñando como personaje carismático que “representa”, o mejor “encarna” al pueblo. Y lo que entiende por pueblo no es el conjunto de todos los ciudadanos en los que se supone que reside la soberanía, sino aquellos que reconocen y aceptan el liderazgo de Chávez, que constituyen —o que se espera que constituirán, más temprano que tarde— la mayoría. Una vez muerto Chávez, su sucesor Maduro, ante el evidente declive del apoyo que experimenta el régimen, trata de recuperarlo mediante una desesperada reforma de la Constitución, intentando desarrollar, en las circunstancias que hoy en día son mucho más adversas, un proyecto constitucional que se inscribe en la misma línea, aunque es mucho más radical, que el que Chávez intentó que se aprobara en el referéndum de 2007, y no obstante fracasó. De “huida hacia delante” han calificado algunos a tal intento.

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