ALEJANDRO ARRATIA –

El 6 de diciembre de 2015 nació la esperanza en Venezuela. La convicción de que era posible la salida pacífica y electoral se fortaleció y aquel domingo surgió la confianza en el triunfo total en el 2016. La avalancha de votos obligó a los jerarcas de las Fuerzas Armadas y el gobierno a reconocer la derrota. Por fin había motivo para celebrar la navidad. La escasez quedó arrinconada por el entusiasmo. La complacencia interna estuvo acompañada de los buenos augurios que llegaban de gobernantes e instituciones de América y Europa.

Casi un año después, el 26 de octubre de 2016, germinaron el desconcierto y la desilusión. La certeza en la derrota de la dictadura involucionó en pesimismo. Asistimos bajo el sol inclemente de Caracas a las pompas fúnebres del Referendo Revocatorio (RR). Cientos de miles de personas nos congregamos en la Autopista del Este, asfalto del reencuentro; combativos, alegres, dispuestos a conversar, opinar… Muchas horas a la espera sin señales de dirigencia. Hastiados surgieron las inevitables interrogantes: ¿Qué hacemos aquí? ¿Quién orienta? Nos retiramos muy arrechos, “muy cabreados”, dirían mis lectores españoles.

INTERROGANTES

¿Qué llevó a los líderes a convocar esa manifestación? ¿Protesta, demostración de fuerza, asustar al régimen, insuflar combatividad, dar un mensaje al mundo? Nunca lo sabremos, pero cualquiera de esas “razones” por innecesaria luce falsa. Además, la consigna marginal de marchar a Miraflores y la sensata negativa tampoco explica el fracaso. Las novatadas ante el diálogo –no la negociación en sí misma- y el destape del berenjenal interno perfeccionaron los actos fúnebres. Tragicomedia de alto costo.

Después que los demócratas venezolanos le arrebataron con votos la Asamblea Nacional a los comunistas, nos sumamos al coro universal de loas y análisis obvios: dijimos que el éxito electoral había sido “posible porque los partidos políticos agrupados en la MUD (canalizaron) con eficiencia y combatividad la esperanza de los ciudadanos. Comienza un momento complicado, lleno de incertidumbres, que demanda mantener el compromiso con la libertad y dar respuestas a los ciudadanos…”

¿Qué sucedió en los 324 días que cuentan desde el 6/12/2015 al 26/10/2016? Llegó la desorientación: el RR, una decisión mal consensuada; rivalidades por doquier; aumento de la competencia por dejarse ver; la política líquida anuló la reflexión. La opacidad facilitó la labor de zapa de los injuriadores. Solo enumeramos conductas públicas sin sumarnos a las críticas porque estamos fuera del escenario, no conocemos los intríngulis y en nuestro ADN está registrado el rechazo de los censores a distancia.

SANTOS YORME

Pompeyo Márquez, legendario dirigente político activo a sus 95 años, con ocho décadas en el oficio, sigue haciendo denodadas gestiones para comunicar su experiencia en los cincuenta del siglo pasado cuando era Santos Yorme, clandestino combatiente contra la dictadura perezjimenista. De la entrevista que le hizo la periodista Macky Arenas en su casa el último día de diciembre del 2016, glosamos algunas ideas fundamentales.

A Pompeyo le preocupa que no termina de conformarse una estrategia y una política. No se ha logrado entender que ninguna fuerza, sector social y menos personalidad por sí sola, puede ser capaz de terminar con la dictadura. La unidad es la clave. Cuando hubo unidad se obtuvo la victoria clamorosa de diciembre del 2015; al crearse fricciones, se ha retrocedido. Sin embargo, se puede producir un hecho inédito que nadie ha imaginado. Recuerda que, en diciembre del 57, nadie creía que en enero 1958 saldríamos de Pérez Jiménez.

Señala el dirigente que “La Iglesia está jugando un papel sumamente importante. Los cardenales Urosa y Baltazar Porras, monseñores Padrón, Luckert y así otros tantos obispos, están desempeñando un rol cada día más determinante. El padre Ugalde, con sus lúcidos escritos y certeras reflexiones. Igualmente el sector económico (…) Los rectores de universidades, las academias, los trabajadores. Es decir, que existe fuerza suficiente, la cual, si se unifica como se unificaron en diciembre del 2015, otro gallo cantaría”.

¿Y los militares? Pompeyo ratifica su posición no militarista, que asumió desde los 14 años de edad cuando comenzó a combatir dictaduras, pero considera que es indispensable que un sector de las fuerzas armadas intervenga, no para salvar a un partido ni a un líder, sino para salvar a Venezuela.

Ante la pregunta de la entrevistadora, por dónde se podría comenzar, el experimentado político, afirma que la MUD, la Iglesia, el movimiento estudiantil o un grupo de personalidades deben convocar a una reunión del país real, el país nacional, y firmar un acuerdo sobre los objetivos por los cuales se luchará. Retornar a la democracia reclama el esfuerzo de todos.

Hasta aquí las palabras de Pompeyo. ¿Existe alguna instancia política dispuesta a discutir esas reflexiones y derivar de ellas por negación, aceptación o con severos ajustes una reorientación del movimiento opositor?

AUTÓCRATAS

Por último, lo que todo el mundo sabe y muchos olvidan. Hace más de un año el régimen prohibió la realización de elecciones en sus Juntas Comunales (el exabrupto lo registró la prensa). No estaba dispuesto a correr riesgos. El Revocatorio fue un reto, el gobierno aguantó la embestida, tenía menos que perder anulándolo que permitiendo la jornada electoral. El populismo es autocrático cuando la situación así lo exige. La oposición dio muestras de desconocer la naturaleza del enemigo. Ahora la dictadura tiene la sartén por el mango.

Alejandro Arratia dirige Iberoamericanos.com.es

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