JOSÉ EGIDIO RODRÍGUEZ –

Teodoro Petkoff nunca había visitado a los Estados Unidos de América, pues estaba en una lista de prohibiciones que mantenía el Departamento de Estado, debido a su antigua militancia en el Partido Comunista de Venezuela.

El Embajador de Venezuela, mi primer embajador en el exterior, era Marcial Pérez Chiriboga, una lanza en un cuarto oscuro, como diría mi compadre Juan Bautista Salas, jefe de la corresponsalía de El Impulso de Barquisimeto, en Caracas. Oficiaba en Washington desde 1979.

Pérez Chiriboga mantenía un contacto permanente -casi que hablaban semanalmente por teléfono- con su contraparte en Caracas, el embajador William Luers.

El embajador venezolano convenció a Luers para incluir a Petkoff y a Pompeyo Márquez, en un programa de visitas a Estados Unidos de América que tenía el Departamento de Estado (International Visitor Leadership Program).

Y aquí entra en escena Teodoro una tarde en algún momento de 1981, en nuestra Embajada en Washington D.C., que estaba ubicada en 2445 Massachusetts Avenue. Mi oficina quedaba a pocos metros y lateral con la embajada en un edificio aparte, en la calle California, donde estaban las secciones de administración, prensa, cultura, educación, petróleo y agricultura.

La recepcionista de la Embajada era Dominga Romero, una mujer muy querida, quien era la esposa de un funcionario de la sección de capturas de la Digepol, antecesora de la DISIP. Al concluir su jornada en la embajada Dominga se iba a trabajar a una tienda por departamentos como cajera; en tanto que su marido laboraba como personal de seguridad.

Dominga, quien también había trabajado en la Digepol, me llamó por teléfono un tanto agitada y me preguntó: ¿Josigido, ese que acaba de entrar no es Petkoff?

-Si, le dije, y entonces me comentó que su marido lo había capturado.

Fui a la embajada y allí conocí a Teodoro. Al final de la reunión con el embajador Pérez Chiriboga y otros funcionarios diplomáticos venezolanos, Teodoro me preguntó que adonde iríamos a comer, a lo que le respondí:

-¿Y tu tienes plata? Porque yo lo que tengo son 4 dólares. Creo que él tenía 6 y así completamos 10.

Bueno, le dije, conozco un lugar donde nos atenderán bien y fuimos a un bar cercano a Dupont Circle, no muy lejos de la embajada, donde había un “happy hour” con servicio de comida mexicana a modo de tapas con los tragos. Nos tomamos 2 cervezas cada uno y comimos satisfactoriamente.

Recuerdo que me preguntó si ese bar era conocido por venezolanos y le contesté que a lo mejor no, y apuntó: en Paris esto estaría lleno, sobre todo con estudiantes.

Al día siguiente lo llevé a que conociera los alrededores y el acceso vial a la sede central de la CIA, en la autopista George Washington Memorial Parkway, en Langley, en el condado de Fairfax, Virginia. Así vio el letrero que indicaba CIA.

Después de regresar de esa gira, que incluyó parques y monumentos al aire libre, volvimos a mi oficina, pero antes, como a una cuadra de distancia, di la vuelta en carro un par de veces, alrededor de una manzana y le recomendé que abriera bien los ojos, para que reconociera la casa donde vivía Robert McNamara, quien había sido el Secretario de Defensa de la época dura de la guerra de Vietnam, y luego Presidente del Banco Mundial.

El meollo del asunto era observar la presencia de guardias de seguridad o policías en la casa, o un obstaculizador de transito o policía acostado, en su cercanía. Pues no había ni lo uno ni lo otro, de modo que era difícil identificar la casa por sus custodios. Por cierto que McNamara salía tranquilamente a caminar por esa zona solo (California Street con Massachusetts Avenue)

José Egidio Rodríguez es periodista y diplomático venezolano, residente en Estados Unidos.

 

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