JOSÉ EGIDIO RODRÍGUEZ –

“Mi padre el inmigrante”, de Vicente Gerbasi
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días con los lagos, nieves, reinos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
Solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.

Para el exiliado que huyó o fue expulsado de su país, la dura mirada más que hacia adelante siempre vuelve hacia su tierra, la evoca y la siente. Y para el que viaja buscando otras oportunidades, el emigrante que se va con angustia y temores, el alejamiento de su familia, sus amigos, su barrio o su entorno social, le envuelve sus emociones hasta que se arraigue en otras sociedades, que quizá lo acojan con simpatía y buenos deseos, o también lo menosprecien y rechacen. En ambos casos la nostalgia es un poderoso imán que atrae y atenaza. Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.

Es una historia contada y cantada muchas veces en diferentes idiomas, de un lado a otro de la tierra. Venezuela siempre fue un país receptor de inmigrantes, la mayoría por motivos económicos, de gente que venía en búsqueda de oportunidades o mejores remuneraciones; y en menor medida, exiliados políticos y refugiados de guerra o perseguidos por motivos religiosos.

La composición demográfica de acuerdo con su procedencia se formó principalmente con españoles, italianos, portugueses, colombianos, chilenos, argentinos, uruguayos, cubanos y yugoslavos. Judíos, muchos de ellos. Ahora Venezuela es un país de emigrantes, qué duda cabe.

Venimos de la noche y hacia la noche vamos, cantó el poeta Vicente Gerbasi en su gran obra “Mi padre el inmigrante”. Gerbasi nació en Canoabo, estado Carabobo, hijo de padres originarios de Vibonati, Italia; aquí echaron raíces, sin olvidarse de su lar natal. Otro de los hijos fue José “Chepino” Gerbasi, célebre reportero y analista de la fuente económica en el diario El Nacional.

De acuerdo con estadísticas de ingreso a puertos, aeropuertos y puestos fronterizos, entre 1936 y 1957, o sea tras la muerte del general Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935, y la huida del general Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, llegaron al país 450.983 extranjeros. Ese ciclo demográfico se sintió profundamente en la economía, en la sociedad y en la cultura de Venezuela.

Ahora somos testigos de otro ciclo, al revés, de cientos de miles de venezolanos que no tienen más remedio que embarcarse en una aventura, para la cual no estaban preparados. Es un ciclo novedoso cuya presencia no puede disimularse pues la diáspora es extensa y variada en todos sus componentes, y en las expresiones de su dolor.

Cuando Venezuela entró en la vorágine financiera, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez -como consecuencia del aumento significativo de la renta petrolera a partir de 1974-, el país se transformó principalmente en el campo económico, en sus componentes de producción, distribución y finanzas, con incidencias en el mercado laboral, los patrones de conducta de consumo, la cultura y la sociedad venezolana. Por otro lado, se registró una nueva ola de inmigración con una fuerte presencia de contingentes provenientes de Colombia, países caribeños, Ecuador y Perú, con lo cual la distribución demográfica de la población venezolana progresivamente fue cambiando. Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores.

El Nacional desde su comienzo en 1943 tuvo una mano abierta para los periodistas allende las fronteras venezolanas. Y aquí estamos hablando de periodistas inmigrantes. Al momento de su fundación su primer jefe de noticias extranjeras fue José Moradell (Cataluña), quien luego sería el jefe de la Secretaria de Redacción y posteriormente Jefe de Redacción. Pudo haber sido, incluso, Director del periódico, pero rechazó, más de una vez, ese nombramiento que le hicieron los propietarios de la empresa.

Al inicio de la bonanza petrolera en 1974, en la redacción de la segunda sede del periódico, de Puente Nuevo a Puerto Escondido, al lado del teatro Urdaneta, había periodistas originarios de España –Cataluña, País Vasco y otras comunidades–, Chile, Colombia, Italia, entre otros. Llegaron a Venezuela adultos y con oficio de periodistas.

Podríamos establecer una segunda categoría: los que vinieron como inmigrantes, crecieron en Venezuela y se graduaron en alguna de sus escuelas de periodismo y desarrollaron su carrera en el país. La mayoría de los nombres son o fueron muy conocidos y respetados profesionalmente; otros, trabajaban en la secretaria de redacción y rara vez se les mencionaba en algún escrito. Igual ocurría con los fotógrafos.

Ahora que tantos periodistas –y comunicadores sociales– venezolanos se han desparramado por el vecindario latinoamericano, Estados Unidos de América y Europa, sobre todo en España, no está de más volver la mirada a los tiempos cuando en Venezuela se recibió y dio trabajo a colegas de otras latitudes. Como muestra presentamos el caso del diario El Nacional a mediados de los años setenta. Fue un tiempo de oportunidades, de generosidad y aliento, no exento de dificultades y frustraciones para muchos.

Periodistas inmigrantes en El Nacional
Frontón de la sede de El Nacional en El Silencio, Caracas.

Hablamos de periodistas inmigrantes, o inmigrantes periodistas que aportaron, además de su experiencia, sus reflexiones e inquietudes, mientras convergían con el resto de la plantilla en la elaboración diaria de un periódico que era el más importante del país.

En la sala de redacción del diario de los Otero Silva silbando alguna aria toscana o coplas de algún cuplé, Lorenzo Batallán (España) estaba a cargo de la sección de Cultura. Previamente lo había sido José Ratto-Ciarlo (Perú/Italia).

El jefe de información, Guillermo Tell Troconis, era el responsable del cuerpo de reporteros/redactores de Información General local, entre ellos: Mariahe Pabón (Colombia), Jano Granados (Colombia), Cesar Messori (Italia), Víctor Manuel Reinoso (Chile). Reinoso cubría la fuente de Tribunales y fue delegado sindical y como tal fue negociador de contratos colectivos de trabajo, que incluía a toda la redacción (reporteros, diagramadores, fotógrafos y correctores de pruebas). Hombres y mujeres, con igualdad de sueldos, tal como lo establecía el tabulador del contrato colectivo. Reinoso era además un poeta de fina pluma desde sus días chilenos. Del otro lado de la moneda chilena, Héctor Mujica, dos veces director de la escuela de Periodismo de la UCV, y Leopoldo “Polo” Linares, conspicuo trujillano y gran periodista de la fuente Política, estuvieron exiliados en Chile durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, al igual que otros periodistas e intelectuales venezolanos.

Luego de la partida del “gordo” Jesús Lossada Rondón del aeropuerto de Maiquetía, con su columna “Torre de Control”, para cubrir el centro del poder político, el Palacio de Miraflores (“Miraflores a la vista”), lo sustituyó Hernán Mena Cifuentes (Nicaragua). Agreguemos a esa lista a Walter Martínez en Información General (Uruguay) y Edgardo Silbercarsten (Argentina) en la sección de Economía. En otra sección, la de Provincia dirigida por José Luis Mendoza, el corresponsal en La Guaira era Manuel Ponte “El Duende” (España).

En esa redacción recaló un periodista que había sido corresponsal en otros diarios de Latinoamérica, Ted Córdova Claure (Bolivia), quien ocupó la jefatura de la sección Internacional. Otro que transitó por El Nacional fue el periodista y escritor Luis Buitrago Segura en Información General (Colombia).

En la secretaría de redacción cuyo jefe era Mario Delfín Becerra, trabajaban José Antonio Honrado (Argentina), quien también era el diseñador del Papel Literario y el Suplemento de El Nacional, Rafael D’Andrea (España), Carlos Fraser (Colombia) y Karmele Leizaola (España). Soledad Mendoza (Colombia) aportó sus dotes de diseñadora gráfica a ediciones especiales, la revista Pandora y el Papel Literario.

En la sección de fotografía trabajaba como reportero gráfico José Garrido (España).

Fuera de la plantilla regular, pero ejerciendo como cronista de la geografía nacional, escribía con relatos de entendimiento de los pueblos y sus gentes, Juan Manuel Polo (España). Igualmente RAS, Eduardo Robles Piquer (España), arquitecto paisajista y observador del entorno político y socio cultural venezolano, aportaba sus caricaturas y crónicas breves en las páginas de opinión. Polo tenía un hermano que trabajaba en la sección de Deportes, José “Pepe” Polo (España), donde laboraba también Eduardo Moncada (Colombia).

En una segunda categoría, la de inmigrantes que crecieron y se hicieron profesionales en Venezuela, mencionemos a Eliana Loza Schiano en la redacción de Internacionales (Italia), José Egidio Rodríguez, en Economía e Internacional (Portugal) y Ludmila Vinogradoff, en Información General (Rusia/China).

Al repasar esta lista resalta un aspecto curioso, por decir lo menos. El Nacional era una buena plaza para contraer matrimonio. La periodista Mara Comerlati se casó con Pedro León Zapata, el genial ilustrador y caricaturista de la pagina de opinión y el Papel Literario; Susana Rotker con Tomás Eloy Martínez; Eliana Loza Schiano con Ted Córdova Claure, y Rosana Ordoñez casó con el reportero de Deportes Rubén Mijares; se divorciaron y luego Rosana se casó con Leopoldo “Polo” Linares. También se divorció y ahora es pareja del ex director del diario Meridiano, Apolinar Martínez.

Si bien el caso de El Nacional era relevante, tampoco era el único. En El Universal, el jefe de redacción era Luis Alfredo Chaves (Colombia) y el secretario de Redacción y luego jefe de Información, Pedro Llorens (España). En Últimas Noticias, Pedro Galán Vásquez (Cuba) y en El Mundo Carlos Romero (Cuba) y José Antonio Iglesias (España). En la Cadena Capriles también estuvo el argentino Mario Szichman. Y en el diario 2001 en la cobertura económica laboraba Jorge Cahue (Argentina), quien también hizo larga pasantía en El Nacional.

Adicionalmente a los medios impresos, en los audiovisuales, en la radio y en la televisión, así como en las agencias de noticias internacionales, también hubo una representación importante de periodistas inmigrantes, o de las otras categorías, las de inmigrantes criados en Venezuela.

Hay que destacar asimismo la fundación y circulación de dos diarios dedicados a sectores particulares de la inmigración en Venezuela: La Voce d’Italia y el Daily Journal. El primero para los lectores de la colonia italiana y el segundo para los lectores en inglés, especialmente norteamericanos e ingleses. En ambos medios trabajaban periodistas que vinieron especialmente a ejercer su función en esos diarios, o que ya se encontraban en el país y fueron contratados para tal fin, por su dominio del idioma.

¿Y qué decir de un periódico fundado con talento extranjero, en 1979? El ex gobernador de Caracas Diego Arria quiso tener su propio periódico con un estilo diferente a los medios existentes y fundó El Diario de Caracas. Para dirigir la redacción contrató a tres notables periodistas argentinos: Tomas Eloy Martínez, Rodolfo Terragno y Miguel Ángel Diez. De los tres, Tomas Eloy Martínez, trabajó, antes de enlazarse en esa aventura editorial, en el Papel Literario de El Nacional, a poco de llegar de su país como exiliado. Gran asesor político y reportajista fue el español Miguel de los Santos Reyero.

En contraste con esa inmigración de periodistas, en el tiempo actual muchos periodistas y comunicadores sociales venezolanos se han ido incorporando a la diáspora; periodistas inmigrantes que si bien la mayoría no está trabajando en medios de comunicación tradicionales extranjeros, se está abriendo camino en medios audiovisuales y electrónicos, en plataformas de noticias en Internet, en portales web existentes o creados por ellos mismos como editores multimedia, en una lucha permanente por sobrevivir o salir adelante, por comenzar de nuevo con entusiasmo. En Miami y Madrid, por ejemplo, sus presencias se están haciendo sentir.

Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan ráfagas seculares.

José Egidio Rodríguez, periodista y diplomático venezolano residenciado en Sacramento, California, EEUU.

 

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