ALEJANDRO ARRATIA –

 «…únicamente encontrando su responsabilidad el hombre encuentra y reafirma también su autenticidad y su identidad, realiza su anhelo de ser él mismo»

Václav Havel

«Digamos que no estoy inactivo, para ser más exactos», le respondió Pompeyo Márquez a la periodista Macky Arenas en entrevista que le hizo el último día de diciembre 2016. Postrado por las enfermedades y los 95 años de dura vida machacada por períodos de clandestinidad o rejas, seguía leyendo e informándose, escribía aproximadamente 10 artículos al mes y aceptaba entrevistas. Sabía que el final se acercaba, pero se negaba a irse antes que desapareciera la dictadura. Su merecida aspiración no fue posible satisfacerla. Ignoro cómo y dónde se resuelven esos asuntos, pero fue una solución apresurada.

Pompeyo no impresionaba a primera vista. Las frases prefabricadas que adornan con frecuencia la conversación de intelectuales y políticos, le eran ajenas. Inexistente en ese hombre recio el desplante para llamar la atención. Tenaz, incansable en defensa de sus ideas. Lo conocías poco a poco y crecía el respeto y la admiración por el amigo nacido para la lucha. Trabajaba todo el día todos los meses del año, así transcurrieron ocho décadas dedicadas a la libertad y felicidad de sus compatriotas. Voluntad de acero. Una larga vida cargada de satisfacciones y dificultades que él consideraba solo escollos, trabas en el camino, y se disponía a superarlos.

La muerte de Juan Vicente Gómez, a finales de 1935, significó el final de 27 años de dictadura en Venezuela. Ebullición social total, comenzaban a fundarse las modernas organizaciones políticas del país. Pompeyo, nacido en 1922, llegó a la política en 1936 mediante la participación en la gloriosa Federación de Estudiantes de Venezuela y recorrió el corto trecho necesario para afiliarse al Partido Comunista, donde militó y ocupó las máximas responsabilidades hasta 1971, año de la constitución del Movimiento al Socialismo MAS del cual fue Secretario General. El MAS nació del rechazo al estalinismo y se declaró socialista democrático.

En esa nueva trinchera continuaba el itinerario recorrido desde la adolescencia; atrás quedaba la utopía comunista y la negación de la civilización occidental. Debió ser muy duro separarse de viejos camaradas y amigos que tozudamente prefirieron permanecer en la oscuridad. Para Pompeyo la búsqueda de las mejores vías para profundizar la democracia y el bienestar de su país, era superior a la ideología marxista. Esa misma voluntad lo llevó dejar el MAS en 1998 cuando el movimiento acordó apoyar la candidatura del Tte. Cnel. Hugo Chávez Frías. Jamás se dejó convencer por esos cantos de sirena y lo combatió hasta sus últimos días

Imagino que uno de los momentos de más alegría e inmensa satisfacción en su larga vida, debió alcanzarlos Santos Yorme el 23 de enero 1958. Terminaba un decenio de clandestinidad, de amenazas de muerte, de alejamiento familiar. La caída del dictador significaba la victoria de un pueblo valiente, de las fuerzas armadas, de la iglesia católica, de los profesionales y los estudiantes. Pompeyo estaba consciente y satisfecho del papel central que, a riesgo de su integridad física, le había tocado jugar en esa etapa. No reclamó nada personal y se dedicó con generosidad y perseverancia a defender la libertad naciente y a fundamentar la democracia.

Permitan que cierre estas notas con palabras de la Familia Márquez: «Nuestro querido padre, abuelo, tío y esposo partió luego de una larga vida en la que fue analista político, senador, ministro, periodista, articulista y escritor, pero sobre todo cabeza de nuestra familia. Fue, en especial, un luchador incansable que elevó y defendió hasta su último aliento las banderas de la libertad, la democracia y la justicia social. Esta es su despedida, es ante todo un canto de esperanza…»

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