OMARELIZ PINEDA ARAUJO –
La sorpresa del Congreso Mundial de Ciudades Inteligentes, celebrado en Barcelona, España, la dio un urbanista venezolano que expuso un proyecto para darle calidad de vida a los habitantes de una capital a la que pocos turistas se atreverían visitar

 

Todo sueño es un choque con la realidad pero también oculta un premio. Había terminado mi agitada jornada de entrevistas en el Smart City Expo World Congress, y me disponía a marcharme, cuando veo en el mostrador de la sala una ponencia sobre Caracas y de cómo darle calidad de vida a los habitantes de una ciudad cuyas imágenes, para quienes estamos afuera, constituyen el reto de preservar en la memoria, tal y como la dejamos al partir.

¿Caracas?, me dije no sin extrañeza. ¿Por qué alguien hablaría sobre Caracas?, pensé con prejuicio e incredulidad. Impulsada por un automatismo le escribí al ponente, y en unos minutos se me apareció un señor, sonriente, carpeta en mano y con los brazos abiertos, como quien acude a la puerta del aeropuerto para recibir a un familiar. De mediana edad, delgado, sin señal de cansancio y enfundado en un suéter delgado para el frío de Barcelona, Kenny Cayama me abrazó. Pasé entonces del asombro a la realidad: mi ciudad aún existe, y hay quienes se preocupan por ella, recorren el mundo para describirla, sin ocultar sus miserias, y exponen ideas de cómo mejorar la calidad de vida de su gente, para luego regresar convencidos de que su ciudad les reclama.

“MOVER plantea una red metropolitana de asistencia a personas con movilidad reducida que viven en esos espacios y que implica una red de transporte”,

ESTA ES MI CIUDAD

Kenny Cayama Javier, de 54 años, urbanista, egresado de la Universidad Simón Bolívar y Director de Proyectos de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, es uno de los compatriotas que se niegan a abandonar el país y prefieren encarar las dificultades de su entorno con ideas que surgen de sus experiencias cotidianas. Más tarde confirmaríamos el éxito de su participación como speaker en la ponencia Desarrollo inclusivo de los ambientes urbanos, donde compartió la mesa con urbanistas y expertos de Argentina, España, Ucrania y Francia, entre otros países.

Necesité unos minutos para salir de la sorpresa y regresar a la sospecha. ¿Qué tenía que decir este urbanista sobre Caracas? No tuve oportunidad de preguntárselo porque Cayama se encargó de ponerme al día acerca del proyecto que, me confesó, se lo mostró con orgullo a los asistentes al congreso. Pudimos constatar cómo este urbanista no paró de estrechar manos y de hablar con tal convicción y entusiasmo que logró contagiar incluso a los más apáticos. El proyecto, llamado MOVER (Movilidad en Red), busca incrementar las condiciones de movilidad de adultos mayores, mujeres embarazadas y gente con discapacidad que viven en zonas vulnerables y pobres de Caracas. “MOVER plantea una red metropolitana de asistencia a personas con movilidad reducida que viven en esos espacios y que implica una red de transporte”, señala.

El proyecto fue presentado el año pasado cuando la Alcaldía Metropolitana de Caracas participó en el Mayor Challenge de Bloomberg, en Nueva York, una suerte de competencia que alienta a las ciudades a generar ideas audaces para solucionar mejorar la vida de los ciudadanos. Con la satisfacción que aún le queda de tal experiencia, Kenny Cayama explica que MOVER quedó entre los 20 finalistas, de las 350 propuestas que presentaron más de 25 países; y pese a que no ganaron, este plan les dio la visibilidad que requerían para continuar desarrollando nuevas ideas, que han venido gestándose desde 2011, cuando la Alcaldía Metropolitana de Caracas creó el Plan Caracas 2020 que pretendía desarrollar una urbe «accesible y de movimiento, una Caracas segura y una campaña de sensibilización para las personas con discapacidades».

Se trata de un proyecto ambicioso, admite Cayama, quien desea crear una página web para que personas con dificultades, adultos mayores, embarazadas o gente con algún tipo de impedimento soliciten viajes para poder trasladarse a sus citas médicas, ir al banco para cobrar su pensión o realizar alguna diligencia. «Es mi ciudad, y para ella es este plan que implica mejorar la calidad de vida de los ciudadanos para que disfruten de la ciudad y sean productivos al ser tomados en cuenta», indica el urbanista, consciente que de la ciudad de la que habla atraviesa por una espiral de problemas de atención y funcionamiento, inclusive para quienes pueden valerse por sí mismos.

Kenny Cayama expuso sus planes a una audiencia que poco sabía de Venezuela.

DE PROEZAS Y SUEÑOS

Con la cabeza sobre la almohada cada idealista inventa por las noches una estrategia nueva que supere las dificultades. Kenny Cayama Javier es uno de ellos y recorre el mundo para exponer el plan MOVER, si los organizadores de los congresos le acreditan y le garantizan los gastos de traslado y permanencia.

Padre de dos hijos, este venezolano no quiere abandonar el país, a pesar de que su esposa e hijos se lo han propuesto. En el caso del Smart City Expo World Congress, Cayama y su equipo habían rechazado la invitación de los organizadores, por el hecho mismo de pensar en la travesía de conseguir un pasaje aéreo, cambiar divisas y tener que pagar una noche de hotel fuera del país «cuando yo gano lo equivalente a 20 dólares al mes». Pero la gente del congreso deseaba su participación y lo llamaron de nuevo para anunciarle que ellos costearían el viaje y la estadía; que solo viniera con su voz y sus diapositivas.

Fue así que ante expertos de ciudades del primer mundo o de ciudades  de países árabes muy ricas, como Dubai, Cayama expuso sus planes a una audiencia que poco sabía sobre Venezuela. Mostró fotos de Caracas, de los barrios, de las paradas de autobús improvisadas en las calles. Les contó que la mayoría de los habitantes pobres para ir a sus casas tienen que subir 40 pisos lo equivalente a 100 metros por una pendiente de un 47%, como un ángulo de 45 grados, por escalinatas que no disponen de pasamanos e iluminación.

La otra proeza de Cayama consistió en explicar la situación de Venezuela y de cómo los asistentes del Congreso de Ciudades Inteligentes no entendían por qué, a pesar de lo atractivo del proyecto, no se ponía en ejecución. “El problema está en los recursos que ha sido difícil acceder a ellos porque el Fondo de Compensación Interterritorial, que es un mecanismo para transferir recursos desde el nivel central al nivel local, retrasa los pagos. Por ejemplo, nosotros solicitamos los recursos para un proyecto en 2014, nos los aceptaron en 2015 y los entregaron en 2016 y con las condiciones de nuestra economía inflacionaria, con lo que costaba el proyecto en 2014 no se podía hacer en 2017 ni el movimiento de tierra”.

Cayama recuerda que quedan también por ejecutarse el proyecto de Transmetrópolis, el cual, debido a diferencias políticas, le prohibieron a la Alcaldía Metropolitana usar las ramplas para discapacitados. O el proyecto llamado “Triple Límite Municipal” que pretendía resolver el caos de Caracas en los municipios Baruta, Sucre y El Hatillo, pues la confluencia afecta a más de 250 mil personas. “Este proyecto también fue frenado por diferencias políticas”.

Pero este venezolano que dio de que hablar en el Smart City Expo World Congress no estuvo solo. A este evento asistió también la presidenta del Instituto Metropolitano de Urbanismo, Zulma Bolívar, y cuenta con apoyo del Centro de Estudio para la Discapacidad; la Fundación Venezolana ProCura para la Parálisis, Vikua y demás compañías. “Mi lema personal es si tú me cierras la puerta, yo me meto por la ventana. Si me cierras la ventana, me meto por la rendija y si mi cierras la rendija, yo abro un boquete en la puerta, pero nosotros pasamos”.

Smart City Expo World Congress, celebrado en Barcelona, España, sirvió de plataforma para descubrir nuevas propuestas en urbanismo.

Cayama es consciente que en un país generador de constantes malas noticias, el rescate de su capital sería el último de los problemas de los venezolanos frente a asuntos más graves como la inseguridad y la inflación o el desabastecimiento; pero este razonamiento no parece convencerle del todo. “Es importante el rescate del espacio público. Es ahí donde se igualan todas las personas. Ahí no importa si tú tienes más dinero que yo. Los dos vamos al mismo sitio y disfrutamos por igual de un sitio público de calidad. Son los pequeños cambios que pueden producir los grandes cambios que estamos necesitando”.

Kenny Cayama gusta, para subir el ánimo de sus compañeros de la Alcaldía, contar la anécdota de que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Winston Churchill se enfrentaba a la potente Alemania nazi, había un grupo de personas debajo, en los sótanos antiaéreos, soportando los bombardeos, y allí, en la oscuridad de esos sótanos, planificaban la reconstrucción de Londres. Cuando la guerra terminó, todos esos idealistas y profesionales salieron a la superficie para llevar al Parlamento sus ideas de reconstrucción de Gran Bretaña.

Cayama quiere ser uno de ellos “porque cuando pase este momento oscuro de nuestra historia, ya no habrá tiempo que perder y tendremos que reconstruir los pedazos que nos dejen de ciudad”. No es fácil vivir en un país con un escenario de guerra permanente. Aparte de su carisma, el éxito de Churchill se debió a que nunca dejó que la desesperanza lo derrotara. Asimismo, a pesar que el gobierno nazi le había ganado todas las batallas, él aún decía que no le ganaba la guerra. Ese es el arte de vivir en situaciones de crisis.

A estas alturas, Kenny Cayama ya partió de Barcelona rumbo a Caracas, sorprendido por un metro que podía llevarlo al aeropuerto sin inconvenientes; sin verse obligado a pedirle a un familiar que le escoltara o guardarse el dinero en los zapatos, para evitar que los mismos guardias nacionales lo asaltaran. Por dos días, este urbanista venezolano pudo ver lo que era vivir en una ciudad donde se llevan a cabo proyectos sin trabas burocráticas. Este sentimiento de «aguantar en el sótano» hasta que la guerra pase, no es solo suya. Venezuela está llena de ese entusiasmo, aguante y de esperanza porque por más días oscuros que hayamos pasado, rendirse nunca será una opción. «Hay que resistir. Tengo que resistir, porque si me voy,  ¿quién entregará mis papeles de sótanos cuando la guerra acabe?” me confesó.

Aparte de las lágrimas que no pude contener tras este encuentro fortuito y aleccionador, me quedó el buen recuerdo de un venezolano convencido de cuál es su lugar. Kenny Cayama no paró de hablar y, viéndolo gesticular y ponerle pasión a sus palabras, siento que la Venezuela inteligente y decente no se ha perdido. Como reza un verso de John Donne: “Así funciona la magia cuando los dioses aún no te han abandonado”.


 

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