FELIPE GARCÍA ALTAMAR/ F. GARCIA
A los bogotanos les inquieta qué tan preparada está la ciudad para atender a personas del país vecino. Hasta ahora han ingresado 470 mil, de los cuales 68 mil tienen permiso de permanencia. La incidencia en el trabajo y en la economía, los temas que más preocupan. También hay un llamado a brindarles ayuda

 

En las calles, plazoletas y transporte público es cada vez más común encontrar a profesionales venezolanos ejerciendo trabajos informales. Como el de Jairo, un comunicador social y publicista, quien vende perros calientes en un puesto sobre la calle 80. La situación social, económica y humanitaria que afronta Venezuela ha disparado el éxodo de sus ciudadanos. Junto con EE. UU., España, Panamá e Italia, Colombia conforma el top cinco de los destinos que eligen los venezolanos para comenzar una nueva vida.

Según cifras de Migración Colombia, en el país hay 68.000 venezolanos beneficiarios del Permiso Especial de Permanencia (PEP), que les permite trabajar o estudiar en el país. No obstante, la cifra de personas con situación migratoria indefinida son las que mejor evidencian la complejidad de la situación: 470.000 venezolanos ingresaron al país por los puestos de control de Cúcuta, Paraguachón y Bogotá. Y pese a que la capital es el primer destino, y tiene el 39 % de migrantes que han tramitado el PEP, aún no hay censos ni caracterizaciones de los venezolanos asentados en la ciudad.

El tema no es desconocido para los capitalinos, quienes se muestran solidarios con la situación de los migrantes, como lo reflejan los resultados de la encuesta de percepción ciudadana de Bogotá Cómo Vamos, en la que un 62 % de los capitalinos le recomendó al Distrito brindar salud, educación, albergue y alimento a los venezolanos.

Sin embargo, la situación también preocupa a un sector de la población. A través de un nuevo sondeo de #CatarsisBogotá, una iniciativa conjunta entre El Espectador y Despacio, les preguntamos a los capitalinos su opinión sobre la llegada de venezolanos y cómo esta situación ha incidido en las dinámicas de la ciudad.

TEMAS QUE PREOCUPAN
De acuerdo con los datos recopilados, la principal preocupación de los bogotanos es el campo laboral. En el sondeo, “trabajo” fue el concepto más repetido en las respuestas. Aunque esto puede obedecer a que la mayoría de los encuestados tienen entre 26 y 35 años (31,5 %), y están en plena edad productiva, lo cierto es que otros conceptos como “desempleo”, “oportunidades”, “empleo” y “laboral” también se encontraron entre las 15 palabras más frecuentes, dejando claro cuál es su mayor inquietud frente a la situación migratoria.

“La mayoría de encuestados dieron cuenta de la preocupación que les genera el aumento de la competencia laboral, la disminución de oportunidades y la poca preparación y experiencia para trabajos específicos”, opina al respecto Carlos Felipe Pardo, director ejecutivo de Despacio.

El segundo tema frecuente en las opiniones fue el del control gubernamental. A los bogotanos les preocupa que ni el Distrito ni el Gobierno estén preparados para atender a la población venezolana.

Y aunque Migración Colombia ha procurado tener documentada la entrada y salida de los ciudadanos del vecino país, en las opiniones se encuentra un llamado a aumentar los controles. “Creen que el papel que cumple el Gobierno es crucial con las restricciones y/o permisos que tiene la población venezolana al ingresar al país, ya sea para trabajar, residir o abastecerse de productos”, indica Pardo.

El posible impacto de la ola migratoria en la economía nacional es otra de las preocupaciones. Aunque este es el primer aspecto en el que se recibieron opiniones positivas sobre el arribo de venezolanos, a la hora de hablar del impacto hay opiniones divididas.

Mientras algunos creen que será difícil integrar a nuevos participantes en la menguada dinámica económica del país, otros consideran que la favorecerá el crecimiento de la industria nacional.

Otro de los temas que prevalecieron en el sondeo fue lo referente a la palabra “inseguridad”, quinta en la escala de repetición en las respuestas. Los capitalinos manifestaron preocupación, porque las condiciones de necesidad, tanto de venezolanos como de colombianos, podría hacerlos competir en medio de la escasez. Otros más extremistas creen que esta situación podría fomentar actividades ilegales.

SOLIDARIDAD
Hay que llegar hasta el sexto y séptimo renglón de las palabras más frecuentes, para encontrar conceptos como “ayuda”, “crisis” y “hermanos”. En este apartado hay posturas ambivalentes, pero una gran mayoría hizo menciones solidarias sugiriendo que hay que socorrer a quienes en algún momento volverán a su país. Incluso muchos recordaron la crisis migratoria inversa durante las seis décadas de conflicto armado interno, cuando miles de coterráneos se resguardaron en el país vecino.

Las cuestiones sociales y demográficas son las preocupaciones restantes en nuestro sondeo. Los encuestados se mostraron conmocionados porque pueda darse un incremento acelerado en la población, justificándose en que ya la ciudad tiene un alto flujo de personas de otras regiones.

Respecto a lo social, por un lado se obtuvieron respuestas en las que se destacaba que la migración pueda significar una interculturalidad que se pueda traducir en innovación; no obstante, la mayoría de posiciones tuvieron una marcada tendencia de intolerancia y hasta xenofobia en contra de las costumbres extranjeras.

La conclusión principal del sondeo es que hay un recelo de un sector de los bogotanos frente a la llegada de ciudadanos venezolanos y hay otro que se solidariza con su situación y pide medidas para acogerlos. Es indispensable que el Distrito acelere la expedición de políticas públicas para atender y controlar las cuestiones que preocupan a los capitalinos, y que garanticen a nacionales y extranjeros una estabilidad en todos los frentes. Actualmente cursa en el Concejo una iniciativa para establecer condiciones de atención a los migrantes venezolanos.

Para Despacio, también es necesario que los bogotanos sean buenos anfitriones y no sean ajenos a la realidad de los que salen de Venezuela en busca de oportunidades. “No se debe estigmatizar ninguna nacionalidad, pues esto margina a quienes están en condición de desplazamiento. Se requiere evitar y abolir la propagación del odio y falta de tolerancia. Sumado a esto, se debe recordar que esta migración, al igual que muchas otras que se han dado a lo largo de la historia, es un tema humanitario y nos concierne a todos”, concluye el director ejecutivo de la organización.

Por ahora se están generando las primeras alianzas entre organizaciones como Dejusticia, algunas universidades, fondos de organizaciones internacionales y ONG, para tejer redes de colaboración para los refugiados y generar información y cifras sobre la situación que atraviesan los venezolanos que dejaron su país, pues si hay algo claro es que actualmente no hay un proyecto sólido, ni nacional ni distrital, para atender una nueva población con las mismas necesidades que los conciudadanos más desamparados.

Publicado en www.elespectador.com

 

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