SILVANA MONTI PACIFICI –

Cada obra de arte proviene de un lugar muy íntimo de las profundidades del creador, un lugar que sólo puede ser conocido por nosotros, comunes mortales, cuando penetramos la obra y comprendemos el mensaje del artista.

Esto es lo que logra el venezolano Guillermo Mariotto (Caracas, 1966) con sus creaciones de Haute Couture, y sus famosos Manifiestos. Mariotto, ha sido por casi 30 años, director creativo de Gattinoni en Roma, y ahora director creativo de su propia marca y director artístico de los eventos organizados por su propia sociedad Mariotto srl, junto con Mein Fashion House.

Guillermo es un diseñador de fama internacional con muchos años de trabajo en el mundo de la alta moda internacional, pero para lograr el lugar que tiene allí, su genialidad ha sido tan importante, como su constancia en la obtención de sus objetivos como artista.

Desde siempre admirador de Man Ray, De Chirico, Jean Cocteau y otros grandes surrealistas, que experimentaban en distintos materiales la propia libertad creativa, se rebela ante las convenciones que lo hubieran preferido con un comportamiento de artista “tradicional” y decide que sus piezas deben permanecer “vivas”, envolviendo maravillosos cuerpos femeninos, y transformándose, gracias a cada movimiento y no colgadas en una anónima pared de un museo, apresadas en un cuadro.

Guillermo Mariotto: un provocador sacude la Haute Couture

“Cuando a los 16 años salgo de Venezuela para ir a estudiar al California College of Arts and Craft en San Francisco, se abre frente a mí un nuevo mundo. Comienzo a adentrarme en distintos movimientos como el surrealismo, el dadaismo, la pintura metafísica y otros movimientos artísticos contemporáneos que me ofrecían una libertad total para crear. Mis primeros diseños hablaban el lenguaje del arte, y aún continúa siendo así. Esa relación entre el arte y el mundo creativo se origina, seguramente, en la necesidad de mutar una realidad que no me gustaba y que necesitaba transformar. En este hogar, que se llama Arte experimentado a nivel totalizante, me siento totalmente cómodo y libre”.

Con solo 21 años, se traslada a Paris, visita Londres y finalmente llega a Milano, donde se establece. Cuando conoce a Rainiero Gattinoni, director de la Maison, éste lo escoge para trabajar a su lado como director artístico de la histórica casa de moda romana. En 1988, realiza su primer desfile con una línea de Haute Couture para Gattinoni.

Con una personalidad aguda e intrigante, sorprende al público cuando en 1994 envía a la pasarela a una modelo totalmente desnuda, inspirado en la “mise” de la Eva bíblica. El cineasta Robert Altman se inspira en este desfile para idear la película “Pret-a-Porter” que comienza a rodar ese mismo año. Guillermo no se detiene allí y para su siguiente desfile sorprende con una “Mona Lisa” envuelta en organza blanca y con el rostro escondido entre encajes.

El pensamiento y las observaciones de Guillerno Mariotto son los protagonistas de sus desfiles. Ese es el momento en el que se da cuenta de que sus trajes pueden estimular el pensamiento de las personas, reflejando las preocupacioes y temas que nos afectan a todos, convirtiéndose en Manifiestos.

En el verano del 2001, la famosa modelo de origen judío, Moran Athias, desfila en la pasarela abrazada a un modelo palestino.  En el 2008 el estilista venezolano realiza un desfile intitulado “La Paz está de moda”, con tres trajes blancos, inspirados en las tres religiones monoteístas más importantes, para representar la necesidad de coexistencia de todas las creencias.

Parte de la generación de otros grandes diseñadores internacionales que florecieron en los años ’90, Mariotto se une a lo que se conoce como “la generaciòn de los diseñadores rebeldes” (entre ellos recordamos a Gianni Versace, Alexander McQueen y John Galliano), que se caracterizaban -cada quien con un estilo diferente- por la irreverencia en las pasarelas. En ese grupo, el diseñador venezolano se distingue por presentar diseños exclusivos con temas que forman parte de la cotidianidad y las preocupaciones de la sociedad.

Desde sus comienzos hasta hoy, las creaciones de Guillermo parecen mantener el equilibrio entre tres ámbitos diferentes: la comunicación social, la perfección del diseño artístico y la Haute Couture. Esta particularidad determina que su estilo no sea comparable con el de ningún otro diseñador de Haute Couture Internacional de los últimos años.

Guillermo Mariotto: un provocador sacude la Haute Couture

La osadía de los “diseños Manifiestos” que Guillermo concibe desde sus inicios, se enfrenta a la concepciòn de la Haute Couture, como “inútil objeto de lujo” que intelectualizaban los filósofos de siglos pasados, comenzando por Sócrates, que consideraba la moda un fruto engañoso del ocio humano, pasando por Séneca para el que era simplemente una respuesta provocada por la naturaleza superficial de los seres humanos; hasta llegar a Rousseau, para quien su existencia se oponía a la vida virtuosa y a la edificación moral de la existencia. Si estos pensadores pudieran vivir en el siglo XXI y ver los trajes de Guillermo Mariotto, seguramente cambiarían la severidad de sus opiniones y hasta podrían seguir las tendencias caracterizadas por el modo de vestir de nuestro siglo.

Asì como, desde el final de los años ’60 y en los años ’70 del siglo XX, las mujeres expresaban con minifaldas y tacones altísimos, la necesidad de una revolución sexual y de liberación femenina, hoy las mujeres del siglo XXI, con una moda caraterizada por la reutilización y la búsqueda de sostenibilidad, nos advierten sobre la escasez de recursos que está afectando a nivel universal y la necesidad de conservar para enfrentar momentos de dificultad. La moda del siglo XXI es, cada vez más, la representación de una conciencia colectiva y esta tendencia permea todos los estratos sociales.

No es extraño ver entonces, en el último desfile de Guillermo Mariotto dedicado al Cine y a la Dolce Vita, realizado en la famosa Via Veneto de Roma, un despliegue de estilos mezclados, pertenecientes a épocas distintas, indicando claramente que podemos mezclar estilos de épocas distintas y ser muy actuales y “a la moda”.

“El motus de la mujer en el siglo XXI es impedir el desperdicio y reutilizar. La tendencia de nuestros días es la libertad, podemos ser lo que queramos y vestir conservando lo que existe, sin sentirnos presionados por las exigencias del fashion”.

En una palabra, la moda del siglo XXI enfatiza la responsabilidad de que cada uno de nosotros tiene un papel determinante en la producción de un cambio social.

“Cada quien tiene su medio para comunicar o manifestar. Yo utilizo los vestidos, la aguja y el hilo y en cada desfile doy un mensaje claro. Esa es mi forma de manifestar. La actualidad, para mí, puede ser una fuente de inspiración, como sucede con el cine o con los libros. Me inspiro en todo lo que veo y que nos rodea, construyendo manifiestos para expresar una idea sobre lo que veo o simplemente para subrayar la existencia de un hecho que influye sobre todos nosotros”.

En la historia del Arte, la comunicación a través del Manifiesto se inicia con el movimiento Futurista italiano de Filippo Tomasso Marinetti, quien fue el autor del primer manifiesto, al que se adscriben luego otros artistas para crear el movimiento Futurista. El Manifiesto se origina en Milano, una de las ciudades más industriales en Italia, en 1909, donde Marinetti desarrolla su arte en base a la admiración hacia lo que constituían los adelantos tecnológicos de la época.

El futurismo es el primer grupo que declara una revolución contestataría, que glorifica la violencia en contra del status quo que dominaba a Italia en aquel inicio de siglo. Si bien, muchos de los principios que gobernaban el futurismo hoy nos parecerían controversiales, no se puede negar que fue una revolución que abrazó la modernidad.

Guillermo Mariotto: un provocador sacude la Haute Couture

“No tengo temor de lo que digan los demás, mi necesidad es expresiva. La idea es lo que cuenta y tener el coraje de manifestarla de manera elegante y precisa, con todas las líneas en orden, con pintura, con hilo o hasta, si es necesario, con brillantes u otras joyas… Todo es lícito para la expresión. El resultado son piezas extraordinarias. Si la pintura sigue las reglas de la Alta Moda, tiene un poder diferente respecto a ponerse cualquier trapo. Es transformadora. La moda no es solo el lujo para la princesa, para mujeres de buena posición o para las actrices: sobre todo identifica a la mujer de la calle que vive un momento histórico único a nivel mundial, y que representa a través de su manera de vestir. No lo niego: soy un provocador y necesito que los que ven mi trabajo, compartan mis ideas o, simplemente, se hagan una pregunta”.

Esta necesidad de despertar conciencias adormecidas, nace a partir de una profunda fe y religiosidad que, desde pequeño, Guillermo Mariotto alimenta. Su familia es muy creyente, y habiendo sido Guillermo un niño débil y enfermizo pasó gran parte de su infancia con su abuela materna, Leonor Zambrano, quien era enfermera. Esos son los momentos en los que muy probablemente, sin tener una conciencia definida, el pequeño tiene posibilidad de confrontar el mundo de la fe y con lo inefable de la existencia. Fue ella quien le condujo en sus primeros pasos por el camino de lo divino que está en todo lo existente, sin diferencia entre ambos conceptos.

Esta profunda religiosidad lo conecta con un mundo de imaginación, cuyas raíces comienzan a crecer dentro de él desde la infancia. Son quizás estas experiencias de su mundo inconsciente, las que le indican al artista el camino adecuado para influir sobre su entorno.

“Estoy firmemente convencido de que todo lo que nos sucede en cada momento, es todo lo que necesitamos para nuestro crecimiento y nuestra evolución. El resto es superfluo. El momento presente es nuestro tesoro y tenemos que salvaguardar sus enseñanzas. Nada sucede por casualiad. Por eso, cada cosa que observo, cada experiencia que tengo, es para mi extraordinaria y mágica. Estoy feliz con lo que la vida me ofrece. El pasaje en esta vida es tan breve, que si no se comprende la pequeñez de nuestras existencias, en la inmensidad del universo, se pierde la medida de las cosas. Es determinante darse objetivos para con los otros, como parte del grupo y no sólo pensar en nosotros mismos. Ese el el reto del siglo XXI”.

Silvana Monti Pacifici es periodista ítalo-venezolana radicada en Roma, Italia.

 

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