EZIONGEBER ÁLVAREZ –

Resulta impresionante, que a usted le obliguen a presentarse ante las autoridades y que de paso tenga que llevar consigo, porsia, su tensiómetro. Sobre estas cosas, acabo de conversar con Milagros Mata Gil, la escritora venezolana que fue detenida el miércoles en la ciudad de El Tigre, estado Anzoátegui, y presentada ante los tribunales el día siguiente y más tarde excarcelada, bajo medidas cautelares.

Pudiera pensarse que se trata de un simple detalle, pero imagínese lo que significa que usted tenga que acarrear su conciencia, sus principios, sus medicamentos y, de paso, su tensiómetro. Esto, para escuchar lo que a bien tenga que decirle una juez fundamentando su decisión en una ley que no existe. Menos mal que se llevó su vainero. Milagros, claramente, mostraba mucha tranquilidad a lo largo de la conversación que sostuvimos, ambos provistos de teléfonos celulares clandestinos puesto que los nuestros corren el riesgo de ser intervenidos. Es que estamos en Venezuela, mai frén. Todo esto reflejaría lo que Hannah Arendt llamó «el mal menor», es decir, te liberan, te quieren presentar cada tanto tiempo ante la juez y de paso hay que dejarles los teléfonos a estas buenas personas.

Claro, como hermanos que somos, celebramos lo que la salsa malandra llama «la bonita libertad». No es para menos, dígalo ahí. En principio, me cuenta Milagros, que fue llevada junto a Moriche, su compañero de causa, a una celda común aunque apartada del vulgo criminae. Coño, se agradece. Sin embargo no deja de ser una afrenta a la Letra Venezolana.

Milagros con la dignidad intacta¿Me sigue usted? Una escritora venezolana ha sido conducida ante la «ley» para que responda sobre cuestiones que no están en la Ley. Weird. Así sería la vaina que el Comandante General del Grupo de Acciones Especiales (GAES) decidió trasladarla a un ambiente más apropiado en donde cabían perfectamente su tensiómetro y sus medicamentos, no así su dignidad que es muy grande. Me dice Milagros, que es probable que el comandante se acordara de los rigores de la frondosa edad de su propia madre, pero que de todas formas agradece el trato que les dispensaron a ellos como ofensores de la ley. Me cuenta además Milagros, que dicho sea de paso, es miembro activo de la Academia Venezolana de la Lengua -trate de seguirme en lo que digo-: una luchadora de 69 años que enfrentó la injusticia con su tensiómetro y su dignidad innegociable a pata e’ mingo.

De manera que una escritora venezolana con más de 40 obras publicadas y de reconocida trayectoria, fue hecha presa por denunciar la celebración de un ágape estruendosamente multitudinario, contraviniendo el jolgorio lo que el mismo régimen ordena en términos de bioseguridad ciudadana que se debe seguir a causa del Covid. Chamo, ¿en qué quedamos?

La conversación siguió inopinadamente en el sentido de abordar las prohibiciones dictaminadas por el tribunal de la causa porque no podemos hablar del personaje en cuestión, como si decir su nombre hiciera falta.

Milagros y Moriche, su compañero de causa, escucharon imperturbables la defensa hecha por su abogado. «Perfecta», ha dicho Milagros, añadiendo yo que toda defensa enmarcada en una petición de justicia es el deber de todo venezolano:

-Milagros, ¿cómo te trató la juez?

La juez, la fiscalía y los cuerpos policiales, no cesaron de reconocer que se trató de una orden incuestionable surgida en Caracas por un personaje que, como he dicho, no podemos nombrar, aunque todos sabemos que por más que se tongonee siempre se le ve el bojote.

La editorial Ítaca, cuya directiva está conformada por Milagros Mata Gil y por mí, volverá al trabajo el lunes 5 de abril, una vez que le devuelvan a mi amiga y socia sus herramientas de trabajo.

Por último desliza que espera que las autoridades tomen nota de los maravillosos libros en los que la editorial está trabajando. Milagros está bien. Todos celebramos su libertad aparcelada y limitada, y por eso, desde donde nos toque, seguiremos trabajando por la libertad de Venezuela:

-Chino, se me jodió el tensiómetro.

-Son las pilas. Tranquila que el lunes compramos otras.

Eziongeber Álvarez, humorista venezolano residenciado en Caracas.

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