ELIZABETH ARAUJO
Autora de varios libros de investigación sobre literatura venezolana, Carmen Virginia Carrillo ha incorporado su doctorado en Lengua y Literatura a una etapa de su vida que sobrelleva con moderación en Barcelona, ciudad donde esta exprofesora de la ULA ha descubierto que su sed por aprender le ha llevado ahora por los confines de la cerámica. Con “El silencio de la creación”. De la belleza y el furor, se propone indagar acerca de un período crucial de la poesía en el que iniciaron su creación no pocos de de los poetas venezolanos que hoy son autores reconocidos a nivel internacional

Discreta y recelosa como todo andino a los que gustan figurar, Carmen Virginia Carrillo ha logrado sortear los embates de la pandemia que se acunó en Europa y que en Barcelona sigue siendo zona de riesgo. Por suerte, el programa de vacunación en España ha venido liberando a gente que necesita de librerías y bibliotecas para proseguir su actividad de lectura, escritura e investigación. En el caso de esta docente jubilada de la Universidad de los Andes, Núcleo Trujillo, el confinamiento le sirvió para impartir clases on line en español y descubrir las habilidades de sus manos para la cerámica, al punto que muchas de sus piezas están ganando seguidores y compradores. De ella se podría decir, como decía Nazim Hikmet que “envidio a los que no se dan cuenta de que envejecen, tan ocupados que están con sus cosas”.

Nacida en Valera (estado Trujillo) y licenciada en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), Carmen Virginia Carrillo no ha descarrilado de su ruta de investigadora, de allí que haya culminado una Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad de los Andes y un doctorado en Lengua y Literatura, Universidad de Murcia, España, lo que le ha dado suficiente bagage para dedicarse al estudio de la poesía venezolana y escribir cuentos para niños, libros que se venden a través de Amazon y que, aunque no se crea, le han dejado algunas ganancias. Entre su ingreso por concurso como docente en la Universidad de los Andes, Núcleo Trujillo y su jubilación hace tres años, Carrillo centró su actividad en la escritura y la investigación. Ha publicado La Modernidad en la Poesía de Antonio Arráiz; Figuras del siglo XX en la literatura venezolana; De la belleza y el furor. Propuestas poéticas renovadoras en la década de los sesenta en Venezuela. Así como ha contribuido en la Trilogía de la Patria Boba, de Mario Szichman. Una propuesta de novela histórica del Siglo XXI, y no pocos trabajos críticos sobre la obra de este periodista argentino fallecido hace tres años, y para quien le ha servido de compiladora de sus obras.

Para asentarse en una Barcelona a la que arribó ayudada por la nacionalidad de su madre nacida en Galicia, Carmen Virgina Carrrillo sobrevive en España con clases de castellano que imparte a extranjeros, v últimamente cuando descubrió su destreza para la cerámica, que empezó como hobby para combatir el tedio del confinamiento y ahora se traduce en piezas que son solicitadas por quienes han visto sus exposiciones en Instagram. “Cuando hago cerámica me desconecto del resto del mundo… es mi experiencia del aquí y en el ahora, mi cerebro se silencia y solo existen el barro y mis manos modelándolo”, explica en su cuenta @camer.arte, en Instagram. Por ahora amasa un proyecto con dos amigas @colorata_shop, para elaborar macetas de cerámica con suculentas, velas artesanales y almohadillas de semillas con lavanda.

-¿Cuál ha sido su vínculo con la Barcelona literaria que, imaginamos hoy, con la pandemia ha registrado menos actividad?
-Llegué a Barcelona en marzo de 2017. Ese mismo mes participé en el I Congreso Iberoamericano de Memorias del Agua. Lectura, ecología y educación, en la Universidad de Sevilla con ponencia que escribimos Margot Carrillo, Mercedes Peña y yo, titulada Poéticas del agua. Entre la experiencia estética y la conciencia ambiental. En el mes de abril participé en Madrid en un coloquio que se organizó a propósito de la presentación del libro de Caupolicán Ovalles, ¿Duerme usted señor presidente?, edición conmemorativa, en el que participé junto a Juan Carlos Chirinos, Marcelo Armas, Carmelo Chillida y Manuel Ovalles. Acá en Barcelona he asistido a eventos organizados por la editorial Candaya, presentaciones de libros, lecturas literarias. Luego llegó la pandemia y nos encerramos. Confío en que en un futuro podamos volver a reunirnos y celebrar la palabra.

-En su obra más reciente, “El silencio de la creación”. De la belleza y el furor, usted analiza las propuestas poéticas renovadoras en la década de los sesenta en Venezuela. ¿Cuál fue la razón que le motivó para investigar acerca de este tema?
-Siempre me ha interesado la poesía, sobre todo la poesía venezolana, desde que me planteé mi tesis de licenciatura he estado investigando la obra de nuestros poetas. Comencé con la Generación del 28 y fui revisando todos los movimientos hasta llegar a los años sesenta. El libro es el resultado de mi tesis doctoral. Su objetivo, la revisión crítica de las más relevantes propuestas poéticas, grupales e individuales, de la década del sesenta en Venezuela, un período crucial de nuestra poesía en el que iniciaron su producción varios de los poetas venezolanos que han llegado a convertirse en autores reconocidos a nivel internacional. Estudiar el germen de las poéticas y sistematizarlas permite entender por qué trascendieron el ámbito nacional y el período en que fueron realizadas. Esa es mi contribución a la historiografía de la literatura venezolana del siglo XX. Por varios años estuve recopilando material, entrevistando poetas, incluso viajando a otros países, como Colombia, Ecuador, Argentina y México, en busca de bibliografía de los grupos poéticos que surgieron en Latinoamérica en esa década, ya que la comunicación e interacción de los poetas de América (incluyendo Norteamérica) fue frecuente y enriquecedora. Esto me permitió rescatar el diálogo de la poesía venezolana con los movimientos poéticos del continente.

-¿Considera que este momento, liderado por El techo de la ballena constituyó la época de oro de la poesía venezolana?
-Creo que sí, en la década de los sesenta se llevó a cabo una serie de cambios y transformaciones en el ámbito artístico y literario que condujeron a la ruptura con la tradición y a la transformación, particularmente de la lírica. La vinculación que se estableció entre los autores consagrados y los recién llegados, en un principio conflictiva, fue cediendo en la medida en que las nuevas poéticas eran aceptadas; los espacios en que los jóvenes poetas comenzaron a publicar fueron creados por ellos mismos, pero en la medida en que el público aceptaba las nuevas propuestas, revistas, periódicos y editoriales abrieron sus puertas a las vanguardias poéticas del país. Entre los rasgos que definen la década pueden señalarse la presencia de elementos de carácter fundacional con estéticas rupturales, de carácter subversivo. Un discurso poético orientado hacia la construcción de una identidad autóctona dialogaba con otro cuyo valor fundamental era la revolución a nivel nacional y continental.

-Durante un tiempo, usted trabajó junto con el fallecido periodista y escritor Mario Szichman en un proyecto sobre la novela histórica ¿en qué consistió esa propuesta?
-Conocí a Mario Szichman a partir de una ponencia que llevé a un congreso en la Sorbona (París) sobre su novela Los papeles de Miranda. A partir de ahí comenzamos a intercambiar información. Él me pidió que le hiciera el prólogo de Los años de la guerra a muerte, para la segunda edición del libro, yo le sugerí algunos cambios en la estructura narrativa y los hizo, luego presenté una ponencia sobre A las 20:25 la señora pasó a la eternidad, en un congreso en la Universidad de Cádiz, de esa ponencia surgió el prólogo para la reedición de la novela. Mario había comenzado a escribir Eros y la doncella, la novela sobre la revolución francesa, y nuestro diálogo, durante su producción, fue constante, discutíamos sobre la creación de los personajes, la trama, etc. Por años, Mario había estado recopilando información sobre los atentados a las torres gemelas, pero no tenía muy claro qué hacer con ese material, le sugerí que lo ficcionalizara y surgió La región vacía, una novela de un pasado cercano y polémico. Siempre tenía dos o tres tramas entre manos. Dos estupendas novelas, recién terminadas, quedaron sin publicar. En 2018 enfermó y, en un lapso de veinte días, murió con muchos proyectos a medio camino. Nuestra colaboración se mantuvo hasta el final, fue muy enriquecedor trabajar con él. Su capacidad de indagar a profundidad sobre eventos del pasado era fascinante.

-Ha estudiado también la obra de poetisas venezolanas y de hijas de extranjeros que emigraron a Venezuela en el siglo XX, algunas de ellas nacidas afuera pero criadas en el país, y el caso de Cristina Falcón, trujillana que emigró a Europa y reside desde hace años en España ¿Cuáles son los rasgos comunes que identifican el trabajo de estas poetas?
-MiyóVestrini, Margara Russotto, Verónica Jafé, Jaqueline Goldberg, Laura Cracco, Carmen Leonor Ferro, Gina Saraceni y Cristina Falcón exploran la experiencia de la extranjería desde diversos ángulos. Por un lado tenemos la visión del emigrante que huye de una situación de conflicto, o que va en busca de un mundo de nuevas oportunidades; y por otro, la del descendiente que viaja en sentido inverso, hacia los orígenes. Si bien la cultura y la memoria de los ancestros marcan una pauta en el proceso de escritura, las huellas de la propia experiencia definen matices y tonalidades en la rememoración de las vivencias desde la ajenidad. El enfrentamiento a otra cultura, la nostalgia por el país de origen, el conflicto entre la lengua materna y la segunda lengua, el viaje, la casa, las costumbres heredadas, son los temas recurrentes en la obra de estas escritoras. El emigrante vive en una perenne y fallida búsqueda de una patria que pueda considerar suya en un mundo que le es ajeno, y vive en la incertidumbre de no reconocerse en los espacios, en la lengua, en las costumbres y en las cosas. Todo esto se plasma en la poesía de estas escritoras venezolanas.

-¿Considera que existe una poesía en Venezuela marcada por la situación política actual que afecta al país?
-Indiscutiblemente, comenzando por Rafael Cadenas quien, desde hace ya algunos años, está escribiendo poemas comprometidos con el país. Lo que ocurre es tan grave y tan determinante que se hace necesario hablar de ello en la literatura y en todas las expresiones artísticas.

-Sin abandonar la poesía y su labor de investigadora, usted incursiona ahora en la cerámica, primero como afición y luego como actividad profesional. ¿Se ha vuelto la cerámica una extensión de su cosmovisión poética?
-Para mí, la cerámica es un genuino acto de creación, al igual que la poesía. En este caso, la materia no es la palabra sino el barro. Con la cerámica logro experimentar el aquí y el ahora, todo lo demás desaparece, vacío mi mente y me hago una con la materia moldeable. En general, solo me acompaña el silencio, como cuando leo un poema, o escribo algunos versos.

Elizabeth Araujo, periodista venezolana. Reside en Barcelona, España

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