VÍCTOR SUÁREZ –

En el juego del domingo 26 en el Citi Field, sin público, Bravos de Atlanta derrotaron a Mets de Nueva York 14 carreras por 1. En el séptimo inning ocurrió un hecho singular: tanto el bateador, como el pitcher, el receptor y el árbitro son venezolanos, y, además, en el círculo de espera estaba un quinto criollo.

Los involucrados fueron Carlos Torres, árbitro; Andrés Giménez, al bate; Jhoulys Chacín, lanzador; William Contreras, receptor; y Luis Guillorme, prevenido al bate.

Pitcher-cátcher-bateador-árbitro, 24 vecesUno de los graves problemas de las redes sociales es que impulsan cualquier desaguisado, el cual inmediatamente se convierte en tendencia entre los aficionados al beisbol, o de cualquier otra actividad. En este caso miles de mensajes repitieron: “Asombroso”, “inédito”, “primera vez en la historia”, “Venezuela se apoderó del pitching box y la caja de bateo de las grandes ligas”. “Este excelente momento quedará registrado en la historia del Big Show”. El director de dos diarios que circulan en el estado Miranda lanzó un tuit que fue rebotado 5.700 veces y recibió 17.700 “Me Gusta”: “Ayer ocurrió fortuitamente algo inédito en las Grandes Ligas…”, decía.

Si hubieran sido testigos de este momento, los periodistas deportivos Guillermo Becerra Mijares, Duilio Di Giácomo, Daniel Crespo Varona o Rubén Mijares, por ejemplo, habrían saltado como fieras a desengañar a tantos exaltados de patriotismo imberbe.

Guillermo habría dicho: No señor, eso ha pasado 24 veces; 15 en la Liga Nacional, y nueve en la Liga Americana. En el año 2012, Manuel González, primer umpire venezolano en las grandes ligas, inició su racha particular de 16 partidos en los que ocurrió la misma situación. Déjense de vainas.

Duilio habría levantado la vista para recomendar: Ilustres ignorantes, les voy a decir algo: en la temporada 2015, jugando con los Cachorros de Chicago, el pitcher guatireño Héctor Rondón inició su propia senda de cinco oportunidades en que el montículo y el plato estuvo plagado de venezolanos.

El cubano Crespo Varona, después de una ronda larga para explicar un fenómeno que boricuas y cubiches nunca lograron por carencia de árbitros de tales procedencias, habría culminado con una sentencia muy especial: el 18 de junio de 2017, la situación se presentó tres veces en un mismo juego. Se enfrentaban Angelinos de Los Ángeles y Reales de Kansas City. Estuvieron involucrados los pitchers Yusmeiro Petit y José Álvarez (dos veces), el cátcher Juan Graterol, los bateadores Alcides Escobar (dos veces) y Salvador Pérez, y el árbitro Manuel González.

Rubén Mijares, a quien jamás la pelota se le moría en la mano, habría iniciado su intervención en la mesa redonda con observaciones como estas:

Los jóvenes deben tener prudencia, decía Prudencia, mi madre, que en gloria esté. Esta discusión se parece a la canción infantil La Pulga y el Piojo. Para que ocurra la coyunda, previamente deben cumplirse cuatro condiciones. Los venezolanos son hoy la tercera nacionalidad más numerosa en la liga grande. Primero están los gringos, con 541 jugadores, luego vienen los dominicanos con 81 y siguen los criollos con 57. Es decir, en teoría hay mayores posibilidades de que la circunstancia ocurra. Lo otro es que no hubo receptores nativos en las mayores hasta el arribo de Baudilio Díaz en 1977, con Medias Rojas de Boston. Es decir, entre la llegada de los lanzadores Patón Carrasquel (1939, Senadores de Washington), y Manuel Sarmiento (1976, Rojos de Cincinnati), pasaron 37 años para que la oportunidad se presentara en los hombros de pitcher y cátcher, pero tampoco era factible porque entonces los Medias Rojas no contaban con ningún pitcher venezolano en su roster. A partir del 2000, la situación se voltea sensiblemente, pero al cuadrado le seguía faltando un lado.

Rubén detiene su comentario en la caseta de transmisión porque desde el control central indican que viene el lapso de las cuñas comerciales. Se queda hablando con el cubano Felo Ramírez, el cumanés Foción Serrano y el guaro Alfonso Saer. Rubén había comenzado a lanzar un juego perfecto, sin ningún libro de récords a la mano, sin chuletas de apoyo. “Para tocar montuno no hace falta papel”, sonríe. De vuelta al aire, continúa.

Decía, queridos amigos, y que me perdone la blanca porque esta noche voy a llegar tarde a casa, que la situación varió muchísimo a partir del año 2000. De los 297 jugadores venezolanos que en los últimos veinte años han subido a las grandes ligas, 130 son pitchers y 43 son receptores. Es decir, ahora las posibilidades son mucho mayores, y por ello no del todo sorprendentes. Esto significa que de la totalidad de venezolanos en las diversas novenas, 58.24 por ciento son lanzadores y receptores. El resto, que es el 41,76 por ciento, se distribuye entre jugadores de cuadro, jardineros o pinch hitters, muchos de ellos maravillosos y grandes bateadores.

Pero aún faltaba una década para que la última de las condiciones necesarias estuviera presente. Los dominicanos, hoy la segunda nacionalidad más poblada en grandes ligas, jamás han tenido alguna oportunidad. Apenas el jueves pasado, el 23 de julio, se anunció la designación de Ramón De Jesús como árbitro de Grandes Ligas a tiempo completo, uno de los suyos. Para los venezolanos, la cuarteta pitcher-receptor-bateador-árbitro solo pudo cumplirse a partir de la incorporación como umpire del caraqueño Manuel González en mayo de 2010, condición que luego se reforzó con la entrada de Carlos Torres en el año 2015. Carlos Torres es un barquisimetano que fue fichado por la liga de la costa del golfo de EEUU en 2009 y pasó por cinco ligas menores diferentes hasta que coronó en el beisbol mayor debido a una razón que, exagerando un poco, es un tanto similar a la de Jackie Robinson en 1947, quien rompió así la barrera racial.

-Explícame eso, interrumpe Alfonso Saer, que también es larense.

Fíjate bien; Alfonso. Hace 73 años no había negros en el beisbol mayor. Y entró Jackie, que se mantuvo activo durante 10 temporadas y bateó .311 de por vida. Abrió la brecha. Lo entrevisté para el diario El Nacional. Y no hubo árbitros negros hasta 1966, cuando apareció detrás de la almohadilla de primera base el afroamericano Emmett Ashford en un juego de Yankees de Nueva York y Tigres de Detroit en el Yankee Stadium. Casi 20 años pasaron entre uno y otro hecho.

Desde finales del viejo y comienzos del siglo nuevo, las grandes ligas se estaban cundiendo de latinos, negros o no. Hoy, 41% de los jugadores son nacidos en América Latina. No se cuentan los jugadores norteamericanos de origen latino, los Hispanics, que son bastantes. En esta temporada hay 186 jugadores latinoamericanos. Allí están desde los dominicanos, con 81, hasta un único peruano. Había cambiado el colorcito de los jugadores, pero no el de los árbitros. Cantando las bolas y los strikes faltaba un Piel Canela, diría Bobby Capó. A Carlos Torres lo llamaron en el 2015 para que hiciera suplencias. Arbitró 19 juegos. Dos años después, fue uno de los cuatro árbitros agregados al personal de Grandes Ligas a tiempo completo. Fue el primer árbitro en salir de los Campamentos de Árbitros de la Mayor League, que fueron creados con el fin de atraer a filas a más representantes de las minorías étnicas, cuestión en la que las escuelas tradicionales de árbitros presentaban un historial muy pobre.

Pitcher-cátcher-bateador-árbitro, 24 veces
La cuarteta venezolana número 24, en Nueva York: Carlos Torres, árbitro; Andrés Giménez, al bate; Jhoulys Chacín, lanzador; William Contreras, receptor.

Entra Foción Serrano, el Tigre Mayor, para dar paso a comerciales. “Espero que Rubén vaya al grano en el próximo segmento”, reclama.

Muy bien, Foción. Vamos a concluir. Como allí solo han trabajado dos árbitros venezolanos, la situación se reparte entre ellos dos. De las 24 ocasiones extraordinarias, 16 veces el cuarto protagonista ha sido Manuel González y ocho veces Carlos Torres.

Rubén Mijares coge aire, se frota las manos como si se hubiera untado pez rubia, y dispara.

¡Esta te la voy a lanzar a 110 millas, Foción! El martes 27 de junio de 2017, al juego entre Cerveceros de Milwaukee y Rojos de Cincinnati, en el Great American Ball Park, a las 7 y 11 de la noche, hora local, salieron al campo seis venezolanos, ante la algarabía de 18.577 asistentes (la capacidad es de 42.319). Tres en el lineup de los Cerveceros, dos por los Rojos, y Manuel González con una escobilla y su marsupia repleta de pelotas nuevecitas. José Peraza cuida el campocorto y Eugenio Suárez el tercer cojín del home club. En el team visitador están el shortstop Orlando Arcia, Manuel Piña en la receptoría y Junior Guerra como pitcher abridor.

Fue una noche difícil para el Junior. Venía de ganar 9 juegos y perdido 3 en la temporada anterior. Había entrado esa noche a lanzar con récord de una victoria y un revés. En el primer inning ocurre algo no muy común, si a ver vamos, pero no único: la cuarteta venezolana se reúne dos veces. Umpire, cátcher, pitcher y bateador son venezolanos. Esta situación es igual a la ocurrida en la temporada de 2013, cuando en el octavo inning de un juego entre Reales de Kansas City y Astros de Houston, se juntaron dos veces por primera vez en una misma entrada cuatro venezolanos.

Pero hay más para un solo día y un solo juego. En el tercero, en el cuarto y en el quinto inning los cuatro se volvieron a encontrar en el estadio de los Rojos. Ya esta es una marca demasiado dura de batir. ¿Cuál fue el resultado? Los Rojos ganaran 8 x 6. Al Junior perdedor lo sacaron del juego en el quinto episodio, sin outs.

Alfonso Saer habría cerrado la sesión con tres observaciones: Me ha encantado este torneo de memorias. Lo de Luis Guillorme en el círculo de espera el domingo 26 de junio en el Yankee Stadium, es solo una curiosidad que no aparecerá nunca en las estadísticas por cuanto el pinch hitter de los Mets no entró en acción. También falta decir que de las 24 ocasiones en que bateador, lomita, plato y árbitro fueron venezolanos, trece ocurrieron en 2017, el mismo año en que a Felo Ramírez se le ocurrió dejarnos para siempre y a Rubén un año antes de recoger los bates.

Víctor Suárez, periodista venezolano, residente en Madrid, España.
(Datos esenciales tomados de pelotabinaria.com.ve y baseball-reference.com)

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