MAX RÖMER –

El chavismo es como los fuegos artificiales. Muy bonito desde lejos, con sus luces que iluminan el cielo, que llaman a la esperanza, pero hediondo a pólvora de cerca, con sus chamusquinas y destrozos. Una vez que se acaban los artificios, el ruido de los petardos y las luces de colores, uno se pregunta y ahora qué. Ahora quedan cenizas, ese ambiente enrarecido, esa sensación de que no hay más, nada más.
Yo señalo que la política del socialismo del Siglo XXI es eso, puro artificio. Una manera de gobernar que va dejando un reguero de inequidades, de pobreza disfrazada de colorado, consolada con un sándwich y un trago de ron para resistir las interminables horas de discursos incendiarios de los gobernantes rojos.
Apunto hacia el rostro de los chavistas, y con ello no me refiero solamente a quienes han presidido a Venezuela, sino a todos aquellos que se han vivido al país como les ha dado la gana, multiplicando sus pingües fortunas personales originales, en miles de miles por ciento, en esa manera corrupta de entender el poder y ser parte de él.
Señalo que, en casi cuatro lustros en el poder, el Estado no pueda sentirse fuerte en ninguna de sus responsabilidades: salud, educación, seguridad. Si es en materia de salud, hay que visitar los hospitales para ver que no están mejor dotados, o bien mantenidos. Al contrario, todo el sistema se ha desmantelado con criterios de pobreza, con ideas de grandilocuencia que se quedan en fachadas y que no bajan a las jeringas de los médicos, porque no terminan llegando hasta sus manos, porque la corrupción ha podido más que los deseos de curar.
Señalo que las escuelas no están mejores, ni que los mínimos de higiene son enseñados a los alumnos, simplemente porque no se ha invertido en educar a toda la comunidad cercana a los colegios, al contrario, que se les ha acostumbrado a tomar lo que está dentro de las aulas, para su beneficio personal como si fuera más importante el beneficio individual que los criterios comunitarios.
Señalo que la seguridad es patética. Que entre amigos y hermanos prevalece el valor de una bala y, que se disparan al año tantos proyectiles capaces de matar como uno cada veinte minutos, alcanzado la friolera de 25 mil muertes violentas al año. Una manera de mantener en toque de queda a los aterrorizados vecinos.
Señalo que la gente pasa hambre y necesidad, porque se ha militarizado el sistema de comercio de los alimentos y medicinas corrompiéndolo hasta la ineficiencia y llevando a los ciudadanos a una bifurcación propia de las mafias: o se enrosca en las mafias de distribución, o se pertenece al manso grupo que hace colas. Cualquiera de los dos roles mantiene un sistema que lo que genera es eso, hambre, distracción de los problemas fundamentales, baja productividad.
Señalo también, que el gobierno ha desmantelado al sistema productivo, que ha expropiado a empresas prósperas y las ha convertido en cascarones vacíos, que las riquezas del Estado se han repartido entre amistades que se pretenden no sean peligrosas al gobierno, dejando de lado lo que de verdad importa: un presente de prosperidad para un futuro de bienestar.
Señalo a Nicolás Maduro Moros y a Hugo Rafael Chávez Frías como los artífices de la demolición de un país, de su dignidad, de su futuro.
Señalo a los secuaces de estos presidentes, militares, tribunales, representantes institucionales y empresarios plegados a los deseos de los poderosos, por no poner un freno a los desmanes de estos mandatarios. Los señalo por ser complacientes, parte de una corruptela de ganancias enormes, por cargarse a todo un pueblo.
Quedan atrás los tiempos en los que los presidentes chavistas señalaban a los partidos políticos que estuvieron en el poder, porque llevan tantos años en la silla de Miraflores, que se ha podido reconstruir y construir lo institucional, las infraestructuras, las conciencias de muchos.
Por todo eso, yo mantengo mi dedo señalando al chavismo y a sus políticas del socialismo del Siglo XXI como los responsables del hambre, de las huelgas, de los presos políticos, de la insalubridad, de las necesidades básicas para educar a un pueblo, del derramamiento diario de sangre.

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