GRACE LAFONTANT – ESFERA CULTURAL – Fotos/ Edisson Urgiles Silva

En alguna quinta de Caracas el pasado 28 de octubre ocurría la grabación de Dirección Opuesta, adaptación cinematográfica de la novela del escritor venezolano Eduardo Sánchez Rugeles, Blue Label /Etiqueta Azul (2013), en manos del director y guionista Alejandro Bellame.

La producción de Dirección Opuesta estuvo motivada por la ola de jóvenes venezolanos emigrantes y además tiene un significado especial para el director, quien apunta: “Retratamos por primera vez a cierta clase media venezolana, una cosa que nunca había ocurrido en el cine nacional”. De hecho, el target al cual va dirigida la película es el de la esfera adolescente y veinteañera, y a quienes sienten rechazo hacia la sociedad venezolana, pero anhelan un mejor futuro dentro o fuera de la geografía nacional.

La novela se hizo popular entre los jóvenes al ser publicada en 2011 (previamente se hizo acreedora de la única edición del Concurso de Novela Arturo Úslar Pietri) y pronto todos hablaban de las aventuras de Eugenia Blanc y Luis Tévez, del increíble parecido con los gustos, pensamientos, conducta y expectativas de una generación alienada que prefiere reunirse a leer sus “Peoemas” antes que ir a una discoteca, y esa necesidad latente de encontrar algún medio legal que permitiese escapar del país. Entre los lectores existía el deseo de ver esta historia en la gran pantalla, lo que no se pensaba era que, años más tarde, Bellame junto con Sánchez Rugeles se encargarían de redactar el guión de la película y que para finales del 2018 estará en las principales salas de cine venezolanas.

“Blue Label” en “Dirección Opuesta”
El director Alejandro Bellame, en un aparte del set.

El título de la película Dirección Opuesta viene del nombre de la canción que acompañará la trama. En Blue Label/Etiqueta Azul las canciones que escuchan los personajes son de artistas extranjeros (“Visions of Johanna” de Bob Dylan, “Todo mi amor” de Paulina Rubio y otras), pero Bellame decidió que la banda sonora de la película tuviese “referentes más cercanas al venezolano” y por ello la mayoría de las canciones serán de autores venezolanos como el ya legendario Cayayo Troconis y su banda Dermis Tatú, como la que da título tentativo al film.

La protagonista, cuyo nombre original en la novela es Eugenia Blanc (de ascendencia francesa), pasó a llamarse Eugenia Bianci (italiana) en el film. El director aseguró que el cambio de apellido se produjo por motivos de coproducción. “Se intentó construir acuerdos con productoras francesas e incluso con catalanas, pero al final logramos un acuerdo con una productora italiana llamada Mediterránea Productions, y por eso nos la llevamos a Italia, a Roma”.

Ese día de rodaje –ahora suspendido hasta enero por compromisos de la actriz protagónica María Gabriela De Faría– y después de arreglar los detalles de escenografía e iluminación, el equipo procedió a grabar un plano general de las escenas 26 y 27 donde Eugenia es introducida al mundo de Luis Tévez (interpretado por el actor Christian González) y sus amigos. Cuán revelador puede ser escuchar los diálogos de los personajes y de manera inmediata recordar las líneas originales del libro; cuando literalmente las palabras cobraron vida. En tan solo dos tomas habían realizado el plano general. “La toma queda”, sentenció el director. Luego procedieron a los planos cortos de cada personaje de las escenas.

FILMAR ANTE LA ADVERSIDAD

“Blue Label” en “Dirección Opuesta”
María Gabriela de Faría se prepara para un primer plano.

La preparación de los actores, así como su entusiasmo, contagiaba a todo el set. La escena representaba una fiesta, pero la interacción entre el director y el equipo entero era aún más emocionante: como si de una coreografía se tratase, cada persona tenía una tarea de suma importancia; hasta el mínimo detalle dentro o fuera del plano estaba calculado con mucha precisión. Además de las interacciones humanas, lo acogedor del set hacía sentir incluso a los intrusos parte del baile que allí ocurría.

Se antoja asombroso que, en tiempos de crisis, exista un espacio para el cine. Bellame comentaba que “los tiempos difíciles exacerban la creatividad”, y que a pesar de los percances “uno no puede dejar de hacer lo que le apasiona”. Aunque no se hace grandes expectativas en cuanto a la respuesta del público, espera que el trabajo se vea retribuido pues “todo el equipo, los actores, Eduardo, e incluso yo mismo, estamos haciendo el mayor esfuerzo para realizar el mejor trabajo que podamos, con los recursos y las posibilidades que tenemos”.

Si bien el país no ofrece todas las facilidades ni ambiente próspero para el cine, el director cree que “vale la pena hacer cine en Venezuela por su crisis y su conflicto. La sociedad está llena de historias que vienen de la necesidad de contar relatos, de la expresividad. Es necesario seguir haciéndolo”. Cuando hubo una breve pausa en el set, aquel mundo audiovisual fue dejado atrás para ir a uno cargado de historias que podrían, algún día, llegar a manos de directores como Alejandro Bellame para que las recreen en la gran pantalla.

Christian González ya se había probado en la pantalla en El rumor de las piedras, filme anterior de Bellame, en el que el joven actor se destaca con la interpretación de un muchacho de los barrios de Caracas, arrastrado por la violencia.

La magia del set volverá en enero cuando María Gabriela retorne a su personaje María Eugenia.

Publicado en Esfera Cultural, Caracas.

 

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