ELIZABETH ARAUJO
Salió de Venezuela en 2015, “con una maleta, mi guitarra y el título de comunicador social”, y fue ahora en Chile donde Enghel conoce los frutos del esfuerzo de quienes abandonan su patria en busca de la seguridad y el futuro que por ahora en su tierra les ha sido negado

Tras un secuestro en Caracas que le obligó a reconsiderar su vida, Enghel, poseedor de un Latin Grammy y un título de comunicador social que se le hacía difícil ejercer, tomó la ruta de miles de venezolanos y ahora se vuelve noticia al triunfar en el Festival Internacional de la Canción de San Francisco de Mostazal, en Chile, con un tema de su autoría que apela a las dificultades y retos que confrontan no pocos de sus compatriotas cuando se arriesgan a probar una nueva vida en países donde ignoran cómo terminarán sus historias de emigrantes.

“Cantar frente a mis dos hijos y recibir los aplausos de tanta gente ha sido para mí una de mis mayores alegrías”, responde por correo electrónico este caraqueño que no se cansa de agradecer a Chile la satisfacción de probarse a sí mismo, en lo que más le gusta hacer: componer y cantar.

 

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Hace apenas una semana pocos conocían a este comunicador social y cantautor, que le ha compuesto algunos temas a grupo Guaco, y que en esta ocasión en competencia con ocho cantantes, se presentó con su tema “Aquí estoy” y que resultó ganador del reconocido Festival Internacional de la Canción de San Francisco de Mostazal, con premio de millón 200 mil pesos.

–¿Quién es en verdad Enghel, más allá de la faceta de artista y de emprendedor?
–Soy un papá enamorado de sus hijos, Mariana y Gabriel; de su esposa, Roxanna; de sus padres, Peter y Rosalía. Un ser humano imperfecto, pero feliz. Vine al mundo a ser feliz y creo que a pesar de muchas adversidades, creo que lo estoy logrando.

–¿Desde cuándo está fuera de Venezuela y cuáles fueron las razones de su partida?
–Salí del país en 2015. Como muchos venezolanos, pasé por un secuestro, además de que mi ex esposa se había venido a Chile con nuestra hija, y estar siete meses sin mi princesita me puso muy mal. Como lo dije en la canción, ahí «entendí que el mejor lugar para vivir es en donde está tu corazón.

«Gracias a Dios, me dedico exclusivamente a la música, eso me hace infinitamente feliz».

–¿Por qué decidió residenciarse en Chile si como músico, tendría más posibilidades de darse a conocer en Miami o en Europa?
–Como te dije, antes que nada soy papá y en verdad no quería perderme ni ver de lejos cómo crecía mi hija. Por otra parte, poseo visa americana, de manera que puedo viajar a a Miami por trabajo un par de veces al año; y gracias a los avances de la tecnología esas barreras se han acortado un poco.

–¿Pasó por privaciones, situaciones de angustia o miedo como las que atraviesan durante ese viaje de ida sin boleto muchos venezolanos?
–Claro, y miedo: muchísimos. En realidad no tenía idea de lo que me esperaba a nivel laboral al llegar a Chile. Me preguntaba todos los días cómo podría mantenerme haciendo música, yo un desconocido, y cómo responder económicamente a mi hija. Yo vine abierto a la posibilidad de hacer cualquier cosa, Gracias a Dios las puertas en la música se me han abierto rápido y los temores se disiparon. Desde luego, he sentido las tīpicas privaciones del migrante, en cuanto a lo económico, para vivir dignamente, y para darme el mayor de mis placeres, como es tener a mis hijos cerca.

–¿Qué significó este premio musical en Chile si ya antes había sido reconocido con un Grammy?
–Esto fue más personal, más directo. Este premio lo recibí personalmente. El Latin Grammy lo recibí por correo acá en Chile. Mi canción «Baja» formó parte del álbum «Histórico 2» que se llevó el gramófono al «Mejor Álbum Tropical Contemporáneo» en 2016. La estatuilla se la llevó la Superbanda de Venezuela, y aunque obviamente también me siento orgulloso y agradecido por eso, poder unir a toda mi Venezuela con esta canción sin duda me llena más.

–Realiza otra actividad mientras compone o ha encontrado empleo solamente como músico?
–Gracias a Dios, me dedico exclusivamente a la música, eso me hace infinitamente feliz

su tema “Aquí estoy” y que resultó ganador del reconocido Festival Internacional de la Canción de San Francisco de Mostazal, Chile.

–¿Qué historias personales de venezolanos que migraron le inspiraron a componer “Aquí estoy”, la canción ganadora de festival?
–En principio, la mía pero también la de tantos amigos y familiares que abandonaron su hogar y han tenido que hacer de todo para mantener a sus familias y sacarlas adelante. Hablo de periodistas o ingenieros trabajando como conserjes o mesoneros; de médicos cuidando niños o paseando perritos. Desde luego, todo trabajo es digno pero no fue para eso que estos compatriotas se prepararon. También, debo decirlo con serenidad, he sido víctima de xenofobia aquí, pero gracias a Dios tengo autoestima suficiente para ignorar estos pequeños episodios. Por eso en “Aquí estoy” quise contar que cuando uno se vuelve emigrante se tropezará con situaciones incómodas, pero al final se imponen las buenas experiencias.

–¿Cómo fue este proceso en el que dijo “ya basta” e hizo las maletas?
–Extrañar a mi hija fue lo primero, luego, fui víctima de un secuestro y prácticamente volví a nacer. Así que decidí aprovechar esta nueva oportunidad de la vida viendo crecer de cerca a mi Marianita, que ya tiene 5 años.

–Visto desde afuera ¿cree que Venezuela es un país perdido, algo así como un territorio donde el último que salga que apague la luz?
–No. Siempre pienso que aún hay esperanza y que pronto habrá luz al final del túnel, aunque la situación se vea cada vez más difícil. Mis familiares están en Venezuela y conozco de cerca la realidad de la escasez de alimentos y medicamentos; de la violencia y de la inestabilidad política, como también del descontento de la gente y de la tristeza en las calles.

–¿Cuáles son sus planes futuros como artista?
–Dios mediante a finales de año apareceré con nuevo material comercial como artista. También estoy escribiendo y produciendo para algunos artistas venezolanos, chilenos, dominicanos y mexicanos. Así que 2018 se viene movido y tendrá muchas sorpresas.

–En su opinión ¿qué pudo haber pasado en Venezuela en estos 20 años para que se nos convirtiera en un país irreconocible?
–Cuando la principal figura de un país, que es su presidente, ratifica el robo, la vulgaridad y el irrespeto al otro como forma de vida es poco el ejemplo que le queda a los ciudadanos. Un modelo político equivocado y la testarudez de no reconocer los errores han ido debilitando poco a poco nuestro sistema económico y social, nuestra sociedad. Para mí, el peor error de la historia reciente de nuestro país fue el control de cambio que aún se mantiene y que quebró a muchas empresas, al tiempo que estimuló la corrupción y desató toda esta escasez e inflación de los alimentos y medicinas. Con eso se arruina un país.

–¿Qué elementos, paisajes u olores de Venezuela conservas con nostalgia?
–Vivía al lado del Ávila, así que imagínate, esa vista incomparable en la mañana y en la tarde. Comer el cazón de mi mamá cada vez que me provocara. Recorrer las calles donde crecí en Caracas. Ver los juegos de los gloriosos Leones del Caracas en el estadio Universitario. Tantas cosas que hoy nos faltan, que nos llenan de nostalgia y que son imposible enumerarlas.

–¿Cómo cree que habrá que “salvar” a Venezuela de la crisis en que se encuentra y qué hacer para su reconstrucción?
–Un cambio de gobierno, primero, y luego un cambio de rumbo político y económico. También debe imponerse una reconciliación nacional, una gigantesca inversión en salud, educación e infraestructura.

–¿Qué le aconseja a quienes salen del país sin ningún plan y se ven de pronto sobrepasados por la realidad en otra tierra que no es la suya?
–Echarle ganas y quitarse de la mente eso de que donde estén va a ser como en Venezuela. Cada país es distinto y tiene su realidad. Hay que respetar sus costumbres y normas legales. Hay que trabajar y salir adelante, sacar los papeles y estar en regla; no meterse en problemas. Es sencillo, pero a veces hay gente que quiere tomar atajos y los atajos nunca son buenos.

Elizabeth Araujo es periodista venezolana. Reside en Barcelona, España

@elizaraujo

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