VÍCTOR SUÁREZ –

El líder opositor venezolano Leopoldo López mantuvo silencio hasta el martes 27 de octubre, cuando ofreció una rueda de prensa en Madrid, minutos después de haberse reunido en la sede del PSOE con el jefe de gobierno de España, Pedro Sánchez.

Había dejado el rancho ardiendo en Caracas, con marejadas de tuiteros rabiosos acusándole de haber negociado su exilio con Maduro. Pero al mismo tiempo el régimen venezolano había comenzado a reprimir al entorno político y familiar de López, con allanamientos y detenciones a granel que incluyeron el secuestro del periodista Roland Carreño, jefe de prensa de Juan Guaidó.

El miércoles 28, ante la prensa internacional, Maduro infamó a España, a su gobierno, al embajador saliente Jesús Silva, a quien acusó de “racista, colonialista y golpista… involucrado en la planificación de la incursión marítima de la Operación Gedeón y en la fuga de Leopoldo López”.

Al día siguiente, el gobierno español reaccionó ante su propio estupor y anunció que el relevo de su representante diplomático en Venezuela (Juan Fernández Trigo, exembajador en Cuba) no sería de par a par, sino que la relación bilateral, a partir de ahora, se ceñirá al nivel de Encargado de Negocios y no de Embajador, lo cual implica un cambio sustancial en el estatus quo. La decisión estuvo acompañada de una nota de protesta ante los dicterios de Maduro.

Las acreditaciones están en juego. El primero de octubre la cancillería venezolana había designado nuevo embajador en España al periodista Mauricio Rodríguez Gelfenstein, quien hasta ahora se ha desempeñado como cónsul en Madrid, pero el gobierno español aun no le ha retribuido el placet correspondiente.

Sobre este asunto pregunto a Fernando Gerbasi, embajador jubilado venezolano residente en Madrid.

Señala que esta decisión del gobierno español encuentra su justificación en varias razones:

En primer lugar, al hecho de que la Unión Europea nunca reconoció las elecciones presidenciales venezolanas de mayo de 2018, por considerarlas “ni justas ni transparentes”; más aún, en octubre de 2018 el entonces canciller español, Josep Borrell, declaró que si Maduro asumía el cargo de presidente el 10 de enero de 2019 estaba usurpando el poder.

En segundo lugar, como consecuencia de la patraña electoral que organiza Maduro el 6 de diciembre, con unas elecciones parlamentarias cuyos resultados no serán reconocidas ni por la Unión Europea, ni por el Grupo de Lima ni por otros países democráticos, por considerar que actualmente no existen condiciones para que tenga lugar un proceso electoral libre, justo y democrático.

En tercer lugar, por la confrontación generada por Maduro contra el gobierno de Pedro Sánchez, a raíz de la fuga de Leopoldo López.

– ¿Peligro de ruptura?

-No cabe duda de que esta decisión del gobierno español tendrá consecuencias, pues al rebajar su representación a nivel de Encargado de Negocios, España deja constancia de que para ellos el régimen de Maduro no representa un actor importante en sus relaciones bilaterales.

– ¿Resultaría afectada la designación de nuevo embajador en Madrid?

-Todo indica que el gobierno español reconocerá a Rodríguez Gelfenstein, toda vez que esta es una decisión unilateral venezolana, a menos que la cancillería venezolana lo lleve a nivel de Encargado de Negocios, como acto de reciprocidad frente a la decisión del gobierno de Pedro Sánchez.

Víctor Suárez, periodista venezolano, residente en Madrid, España.

Publicado originalmente en Venezuelanpress.com


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